Medio Ambiente amenaza con sancionar a dos boirenses si cortan unos ejemplares para reducir una multa impuesta por Costas Las administraciones estatal y autonómica han puesto en una difícil tesitura a dos vecinos de Boiro que maldicen el momento en el que las «silveiras» que crecían al pie del río Coroño se «convirtieron» en árboles autóctonos. Costas ya les ha sancionado y reducirá la multa si talan las especies. Pero Medio Ambiente advierte que ni se les pase por la cabeza.
19 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Los vigilantes de la Demarcación de Costas del Estado en Galicia descubrieron un día que un paraje al pie del río Coroño, donde antes crecían silvas y otra vegetación salvaje, se había civilizado y daba cobijo a cinco o seis ejemplares de especies autóctonas. Y todo ello sin su permiso. Buscando culpables, dieron con el gerente de un local hostelero y con el propietario del mismo. Y por más que negaron que ninguno de ellos había plantado los árboles, tanto arrendador como arrendatario recibieron sendos papeles con membrete de la Demarcación de Costas sancionándoles con 45.000 pesetas (270 euros) de multa. Eso sí, les daban pie a un acto de contrición: si talaban los ejemplares autóctonos, mejor dicho «restituían el paraje a su estado natural» -tal como reza esa manida fórmula administrativa-, la cuantía del paquete se reduciría a la mitad. Ambos recurrieron la sanción, pues uno y otro niegan haberlos plantado. Como sospechaban que tenían todas las de perder contra el todopoderoso Estado, intentaron rebajar esa pena económica. Pero entonces toparon con la maquinaria autonómica. Advertencia Al pedir la autorización para talar las especies, la Consellería de Medio Ambiente les advirtió de que ni se les pasase por la cabeza; que se trataba de árboles autóctonos y, por tanto, protegidos; y que, de cortarlos, se les impondría una sanción que se iban a reír de la que les comunicó Costas. ¿Qué hacer? De momento, esperar a que se resuelva el recurso que han presentado. Y, si es en su contra, pagar las 45.000 pesetas y maldecir la hora en la que a alguien -pues es dudoso que fuese la propia naturaleza- se le ocurrió cometer el «gran atentado ecológico» que supuso plantar sauces y carballos en la orilla del río Coroño antes abandonada. «Pero podían poñerse de acordo e deixar de andar a marear», señaló uno de los afectados, con toda la indignación de quien ve «mil puntos de vertidos ó mar, cen verquedoiros incontrolados e, sen embargo, as autoridades estatais e autonómicas só teñen vista para cinco árbores que medran ó pé do río Coroño».