Poniendo las olas a trabajar

FRANCISCO DOMÉNECH A CORUÑA

SOCIEDAD

Comienza a funcionar en Escocia la primera central eléctrica que aprovecha la energía del oceáno Una nueva energía limpia y renovable irrumpe en escena coincidiendo con el fracaso de la cumbre de La Haya sobre el cambio climático. La pasada semana comenzó a funcionar en una isla escocesa la primera central comercial que convierte en electricidad el trabajo mecánico realizado por las olas al romper contra la costa. Galicia cumple los requisitos para aprovechar esta tecnología recién salida del laboratorio y que podría llegar a ser una alternativa a las energías convencionales y contaminantes.

02 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

La idea es aprovechar el inútil batir de las olas. Y es que la cólera de los oceános, como la de los vientos, puede ser una fuente de energía limpia y renovable. Según algunos cálculos, sólo con convertir en electricidad el 0,02% de la energía del mar, se cubrirían las demandas de todo el planeta. Claro que lo mismo puede decirse de otras energías como la eólica. El caso es poder llevarlo a la práctica y que sea rentable. En Francia ya había una central que produce electricidad a partir de la subida y bajada de la marea. Ahora la energía de las olas da sus primeros pasos fuera de los laboratorios, con la puesta en marcha de la primera central comercial en el norte de Escocia. El nacimiento de esta energía renovable se remonta a los 70, pero la falta de fondos y algunos resultados negativos paralizaron las investigaciones después de unos prometedores comienzos. Una empresa británica ha retomado el proyecto en los últimos años, con la colaboración de una universidad irlandesa y el apoyo económico de la Unión Europea. Energía «on the rocks» Los primeros en probar los resultados serán los habitantes de Islay, una remota isla de las Highlands escocesas, ya famosa por sus güisquis de malta. Son 400 familias, que recibirán los 500 kilovatios de electricidad de la nueva central, una vez que ha transformado la energía que mueve las olas. El proceso es sencillo y ambientalmente limpio: las olas entran en una cámara y empujan el aire, haciendo girar una turbina que produce la energía eléctrica, sin necesidad de utilizar combustibles fósiles o materiales contaminantes. Una alternativa de ensueño para las zonas castigadas por el oleaje. O de pesadilla, para los que se imaginan una costa plagada de muros que romperían el encanto del paisaje y ocuparían el lugar de los percebes.