Secretos tras la puerta del baño

PILAR ZUGASTI A CORUÑA

SOCIEDAD

Los aseos de los pubs se han convertido en un espacio para todo Las máquinas de preservativos se agotan antes en el baño de las chicas Desengáñense. La visita al aseo de los pubs no tiene como finalidad exclusiva la evacuación de sustancias desechables tras el proceso digestivo. Ahí pasa algo más. Ahí pasa de todo.

12 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Intercambios de ropa, cigarritos, petacas, mezclas. Rulan chocolate, tabaco y papel. Conspiraciones para deshacerse de él, para hacerse con él, para hacérselo a ella. Y resulta que está ahí mismo. Besos, caricias, sexo. «Estaba a punto de disecarme», cuenta Laura de una de sus incursiones a un baño de Sanxenxo, «tras 20 minutos de espera salió una pareja con los niquis del revés». Las máquinas expendedoras de preservativos reflejan lo animado y precavido que anda el personal por estos lares. La mayoría de locales empezaron instalándolas en el baño de los hombres pero las quejas femeninas han dado su fruto y ahora es fácil leer un United Condons junto al habitual expendedor de compresas. Ha resultado un éxito: el anticonceptivo se agota antes en el baño de las chicas. Algunos visitantes invierten su estancia en actividades destructivas y los baños de los pubs parecen tentar al destrozo. Así, el uso agresivo de la cadena suele terminar con su lanzamiento al agujero que no logró despejar. El resultado es un atasco irreversible, al juntarse con otros mejunjes. «Las vomitonas tras una borrachera pueden ser inevitables, pero los hay que meten rollos de papel higiénico y copas en el váter», cuenta Javi, socio de un pub en la zona coruñesa del Orzán. «En la cisterna he encontrado de todo, hasta calzoncillos». Sin agua De objetos abandonados sabe Raquel, que trabajó en varios pubs: «Dejan condones usados y huellas de la coca, como espejos descolgados y tarjetas tiradas». El consumo de drogas sintéticas ha provocado que algunas discotecas decidieran cortar el agua de los grifos. «Les importa un bledo que nos droguemos», dice Carlos, pastillero esporádico, «lo que quieren es que compremos agua a precio de copa». Apagada la música, el baño puede albergar al último noctámbulo, como aquella vez en que Manu, barman de Ribeira, encontró la puerta cerrada: «Tuve que colarme por el hueco de arriba, había un tipo roncando».