La izquierda italiana arropó la polémica marcha de los homosexuales por las calles de Roma La festiva y colorista manifestación del Orgullo Mundial Homosexual reunió ayer en Roma a decenas de miles de gays y de heterosexuales, deseosos estos últimos de defender los derechos de esta minoría. Aún cuando los asistentes no llegaron posiblemente a los 200.000 anunciados, el hecho de que el desfile tuviera lugar, y de que participaran en él la plana mayor de los partidos de izquierda, fue considerado un éxito por los promotores. El desfile no incluyó los tonos provocativos que temían sus detractores.
08 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Una cincuentena de motoristas, forrados de cuero a pesar de la temperatura africana, abrieron una marcha cuya mera celebración había sido criticada por el primer ministro y por la jerarquía católica. «No soy gay y no soy bisexual: soy demócrata», decía uno de los motoristas, que desfilaba junto a su novia sentada en la grupa de la inmensa BMW. Como ellos, miembros de asociaciones antiracistas, pacifistas y medioambientalistas quisieron estar presentes. Fausto Bertinotti y Armano Cosutta, líderes de los dos formaciones comunistas, los radicales Emma Bonino y Marco Panella, la cúpula de los Verdes y, al menos durante un trecho, Walter Veltroni, líder de los Demócratas de Izquierda, el partido más votado de la coalición gubernamental, se unieron al desfile: «Es un acto contra la discriminación y teníamos que estar aquí», decía a los periodistas Veltroni. El alcalde de la ciudad, el ex radical Francesco Rutelli, un hombre ubicuo que rara vez pierde una oportunidad de figurar, brilló en cambio por su ausencia. Pero Rutelli, que primero apoyó y luego retiró el patrocinio municipal a las Jornadas del Orgullo Gay, al menos envió una nota: «Roma confirma su carácter de ciudad abierta», afirmó. Enfado de la derecha El centro-derecha, con excepción de algún parlamentario que acudió a título personal, estuvo del todo ausente de una manifestación definida como «inoportuna en un año jubilar» por Silvio Berlusconi. El presidente de la región a la que pertenece Roma, Francesco Storace, miembro de la conservadora Alianza Nacional, calificó por su parte de «inmunda» la asistencia de la ministra para la Igualdad de Oportunidades, la comunista Katia Belillo. Los temores de las autoridades religiosas y políticas a actos irrespetuosos para con la religión católica no se materializaron. Entre los participantes que se disfrazaron, _una imaginativa minoría_, había opulentos jefes indios, adonis alados o domadores con tangas sucintas, pero no monjas ni prelados, como temía la Santa Sede. Un participante con alzacuellos resultó ser realmente un sacerdote de verdad: «Jesucristo, en el Evangelio, no dice nada contra los homosexuales», recalcó Vitaliano Della Sala, cuya participación, anunciada con antelación, no fue al parecer vetada por la jerarquía eclesiástica. Al ritmo de Ninguno me puede juzgar, una canción de los años sesenta adoptada como himno por las Jornadas del Orgullo Gay, los manifestantes, jóvenes y de mediana edad en su inmensa mayoría, iniciaron a las 15.45 horas un recorrido de dos kilómetros que no incluía ninguna de las grandes iglesias romanas ni, obviamente, pasaba cerca del Vaticano.