«Peaky Blinders», diez años de la serie que mitificó a la clase obrera

daniel roldán MADRID / COLPISA

PLATA O PLOMO

La familia mafiosa de Birmingham liderada por Tommy Shelby llegó hace diez años a la televisión y creó su propio estilo

09 sep 2023 . Actualizado a las 21:39 h.

Dice la leyenda que esas gorras de estibador que llevaban los miembros de la banda criminal son el origen de su nombre. La visera (peak) inclinada provocaba que quedaran tapados los ojos (blinding). Otras teorías, como la defendida por el historiador Carli Chinn, señalan que los Peaky Blinders se llamaban de esta manera porque deslumbraban con su elegancia por las calles de la segunda ciudad de Inglaterra. Desde luego no pasaban desapercibidos con sus trajes de tres piezas, sus largos abrigos, las gorras caladas y los relojes de bolsillo cruzados en el chaleco.

También es verdad que los Peaky Blinders que creó Steven Knight, y cuyo primer capítulo se emitió en la BBC el 12 de septiembre del 2013, no son los originales aunque beben de la realidad. Unas historias que le contaban sus tíos al guionista cuando era niño y que sus parientes habían escuchado a su vez cuando eran pequeños. Historias con poso de verdad que se fueron trufando de creencias, leyendas o, sencillamente, mentiras. Sí es cierto que existieron, pero no en la década de los años veinte del siglo pasado como narra la serie sino a finales del siglo XIX y la primera década del XX. Se disolvieron cuando finalizó la Primera Guerra Mundial.

Los Shelby de la BBC —y luego popularizados internacionalmente por Netflix— tenían raíces romaníes, su hábitat cotidiano era Small Heat y eran unos criminales de cuidado. Como explica Chinn en su libro Peaky Blinders. La verdadera historia (Principal), la familia Shelby liderada por Cillian Murphy tiene más similitudes con los Birmingham Boys de Billy Kimber.

Como Tommy en la ficción, Kimber era el segundo de cuatro hermanos y había combatido en Francia entre 1914 y 1918. Y en su carrera criminal, forjó alianzas con otras bandas londinenses y con la mafia italo-estadounidense, como aparece también en la producción de Knight. Como curiosidad, el propio Tommy mata a Billy Kimber en la primera temporada. En realidad, como indica el escritor e historiador de Birmingham y bisnieto de un Peaky Blinder, Kimber falleció en 1945 a los 63 años víctima de una larga enfermedad.

Una base de historias y personajes que Knight fue moldeando hasta formar una historia que convenció a los directivos de la cadena británica y que se convirtió en uno de los fenómenos televisivos de la última década. Y eso que solo cuenta con 36 capítulos repartidos en seis cursos. «La serie aprovechó algo que no se había hecho antes en la televisión británica: mitificó a la clase obrera», explicó Murphy en una entrevista en la BBC a finales del año pasado. «Se habían hecho muchos programas sobre la aristocracia, pero nunca se había hecho una que mostrase a la clase obrera», recalcó el actor irlandés que, en un principio, no había sido el actor elegido para dar vida a Tommy. Su puesto estaba destinado para Jason Statham.

Cuando en junio del año pasado se estrenó en el gigante rojo los seis últimos capítulos de Peaky Blinders, la opción de volver a escuchar el Red Right Hand de Nick Cave & The Bad Seeds como música de cabecera era escasa. Pero el guionista y productor está alimentando las opciones de que el mundo de los Peaky Blinders prosiga. Knight ha recalcado en numerosas ocasiones que está trabajando en el guion de una película que se centraría en la vida de estos criminales ingleses durante la Segunda Guerra Mundial y que el rodaje se llevaría a cabo en Birmingham, no como la serie que se grabó en Liverpool. Adelantó que Paul Anderson volvería como Arthur.

Incluso que se podría contar su historia más allá del conflicto bélico o viajar para atrás para contar sus inicios en un spin off. «Si hay apetito en el mundo, continuará», contestó enigmático hace unos meses. Porque lo que queda claro es que hay ganas de más historias de los criminales ingleses. «La gente adora a los gánsteres. Viven libres, tienen su propio código moral y son únicos, seductores e intrigantes», explicó Murphy. Palabra de Thomas Shelby.