«Cómo vivir contigo mismo», la versión mejorable de la serie que pudo ser

La nueva serie de Netflix enfrenta desdobla al actor Paul Rudd para enfrentar al protagonista con su clon mejorado


Sobre el papel todo debía sonar perfecto. Hablemos de clonación y pongamos a un fracasado enfrentándose en su día a día a la mejor versión de sí mismo. Ese Miles perfecto, sin rastro de desidia, que sorprende a su mujer con una cena romántica y arrasa en el trabajo con la mejor idea posible. Nada que ver con el Miles real que lleva años estancado, sin disfrutar de nada y pensando en todo lo que podría hacer y no hace. Como idea de partida no está nada mal. Y todo esto con un poco de la estética de Maniac, un par de inspiraciones tomadas prestadas de Breaking Bad y narrado como The Affair, siendo cada personaje el que nos enseña lo que su clon no vio.

No me extraña que Netflix comprase la idea de Cómo vivir contigo mismo  (Living with yourself) . Sobre todo, después de ver ese primer capítulo en el que Paul Rudd borda el papel de fracasado y casi entiendes por qué acaba en ese tugurio cutre de la clonación. El manejo de los tiempos es perfecto. Y cuando entra el clon en acción, con ese tupé perfecto y esa elegancia, todo parece tener sentido. Pero a sus creadores se les olvidó algo importante: tener una buena historia que contar más allá del planteamiento. Poco a poco la serie te va dejando sin motivos para seguir. Siete capítulos de apenas 30 minutos en los que la trama se dirige en un único y previsible sentido. ¿Se quedaría tu mujer contigo o con tu clon mejorado? No sé, pero yo necesitaría una mejor versión de esta serie.

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