Las series pisan el barro

Beatriz Pallas ENCADENADOS

PLATA O PLOMO

17 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Don Draper se va. El hombre que consideraba el amor como el mejor eslogan para vender medias cierra su camino elevado a la categoría de referente televisivo. Las luces de Manhattan se apagan tras él. El adiós de Mad Men no es el único que deja a la pantalla sin una gran metrópolis. Los tubos de neón de Las Vegas también empiezan a fundirse. Después de quince años, los forenses del CSI dejarán pronto de utilizar sus sofisticados artefactos para resolver asesinatos cometidos en sus calles. Es hora de volver a la tierra.

Veinticinco años después de Twin Peaks, el thriller rural se ha convertido en el género de moda y los pequeños pueblos son el tablero de juego preferido por los guionistas para mover las piezas de sus personajes. Pero no hay lugar en el campo para tópicos bucólicos ni terapias contra el estrés. Los conflictos son similares a los que se viven en la jungla de asfalto, pero los nuevos héroes se ensucian los zapatos de barro y no llevan planchada la raya del pantalón. Si la semana pasada se estrenó Refugiados, un suspense de tono futurista de huele a hierba, esta semana le siguieron el estreno en abierto de True Detective, que en un mes tendrá segunda temporada, y la llegada de Wayward Pines, el salto a la televisión del director de El sexto sentido y catalogada como heredera directa de la serie de David Lynch.