Como profesor, José Manuel Vilaboa asume que es difícil trabajar con adolescentes, una fase, dice, que desborda a las familias, hoy superadas también por las exigencias laborales
01 ago 2009 . Actualizado a las 21:42 h.Ante todo, José Manuel Vilaboa considera que nadie está en posesión de la verdad. Es muy cauto al analizar la situación del adolescente, a pesar de que le avalan 30 años de experiencia como profesor, 20 en el IES Antonio Fraguas de Santiago, en los que ha visto cambiar a los jóvenes y peleado con planes de estudios de todo tipo.
-Han cambiado las cosas.
-Mucho y rápido. La ampliación de la escolarización obligatoria a los 16 años fue una conquista social, pero la ley se aplicó sin alternativas suficientes para los chicos que no están dispuestos al esfuerzo. La presencia de uno solo en el aula es suficiente para impedir la tarea del profesor y de sus compañeros. Otro cambio es la invasión de las nuevas tecnologías. Maravillosos instrumentos.... pero a veces se han constituido en prótesis que sustituyen a órganos y funciones humanos: la imagen y el sonido no son fines en sí mismos pero corremos el peligro de que desplacen la lectura, la escritura, el cálculo, la observación del medio y la reflexión sobre uno mismo y la sociedad. A veces una tiza que tiene detrás de su escritura un cerebro que se estruja por extraer un pensamiento personal supera al más potente ordenador como instrumento de aprendizaje.
-¿Es realmente difícil trabajar con adolescentes, y motivarlos?
-El profesor se enfrenta al desconcierto que causa una etapa de cambio acelerado. Las referencias se han movido y cuesta hallar el nuevo ajuste. La motivación está perdiendo significado. Para muchos equivale a divertir. Y el viejo lema de «enseñar deleitando» pretende convertirse en «deleitar enseñando». El deleite se sitúa hoy por delante del aprendizaje y el esfuerzo personal. Para mí, motivar viene de motivo y es hacer ver a los adolescentes los motivos por que deben esforzarse. Y no es tarea exclusiva del profesor.
-¿Les faltan competencias básicas en ciertas materias?
-En general llegan con una formación adecuada, salvo los que sufrieron falta de escolarización. Y estos presentan déficit de socialización e interiorización de normas básicas de conducta. Pero atenderlos es nuestra tarea y lo aceptamos. En nuestro instituto estamos orgullosos de la integración de muchos alumnos gitanos y de hijos de inmigrantes, que se encontraban en esa situación.
-¿Son los adolescentes como los pintan en las series de televisión? Rebeldía y drogas.
-Es al revés, creo: la serie no refleja el comportamiento del adolescente, son algunos adolescentes quienes imitan los comportamientos de las series. La rebeldía, probablemente, va con la edad.
-¿Hay quien no impone su autoridad por miedo a las denuncias de padres y alumnos?
-No es miedo. La autoridad nos la cargamos de paso que se eliminaba el autoritarismo; una confusión de términos. Adoptar la medida disciplinaria más elemental se ha hecho casi imposible por la enormidad burocrática que la lastra. Notificación de incidencia, expediente, instructor, informe tutorial y psicopedagógico, audiencia... son trabas que dejan inerme al profesor. Los procedimientos garantistas judiciales se trasladaron de manera innecesaria a la vida académica y la han asfixiado. El proceso de devolución de autoridad al profesor es muy lento.
-¿Cree que mucha «culpa» de esto la tienen los padres?
-Detesto la palabra culpa. Recibo padres con mucha frecuencia. Transmiten quejas o sugerencias muy razonables y que deben ser atendidas. En muchas ocasiones aparecen confusos y desbordados por una situación que se les ha ido de las manos. Buscan consejo y orientación que no siempre se les puede ofrecer. ¿Quién puede culpar a los padres? Los tiempos que corren son duros. El trabajo agobia, muchas familias se desestructuran. A veces los dos todo el día fuera de casa. No se trata de que los padres culpen a los profesores y viceversa. Tenemos un problema en común: la educación de sus hijos.
-Padres que renuncian a sus hijos porque no pueden manejarlos, abusos entre menores... ¿Alguno de sus alumnos podría reflejarse en este escenario?
-Sí. Ha habido situaciones de menosprecio, insulto e incluso agresión física entre ellos. Eso no debe ocultarse. Mejor cuanta más luz haya sobre el tema. Pero podemos decir que los profesores nunca nos hemos inhibido. Siempre hemos intentado identificar a la víctima y ofrecerle reparación. Hemos hecho partícipes a las familias, adoptado las medidas disciplinarias que nos fue posible y también ofrecido al agresor la posibilidad de rectificar.
-Un consejo a los padres.
-Que hagan lo imposible por dedicarles tiempo cada día. Que sigan sus tareas escolares. Que les den afecto y normas a partes iguales. ¿Pero a quién voy yo a dar consejos, si también soy padre y muchas veces no sé qué hacer?