Selectividad justa


Cuando se habla de justicia, lo justo, nos referimos a ese Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Pero, ¿tiene el mismo sentido después de que una pandemia nos haya robado unos meses tan importantes de nuestras vidas? ¿Es eso justo para tantos estudiantes que han pasado estos días confinados durante el curso, probablemente, más complicado de su vida académica? ¿Dónde queda la equidad que va implícita? 

En esta época del año siempre surge la pregunta sobre si debe realizarse una prueba que delimite quiénes son los que deben continuar su formación en la universidad. La enorme presión que supone, tanto para el alumnado como para sus familias y profesorado, la concentración de los exámenes en unos días y lo esencial que es aprobar en la convocatoria ordinaria para acceder a la carrera deseada, son algunos de los aspectos que se barajan en cualquier cambio de impresiones al respecto. Sin embargo, sabemos que es fundamental su realización por la necesidad de unificar criterios tanto en lo que se refiere a los conocimientos o aptitudes mínimas que permitan al alumnado afrontar los estudios universitarios con garantías, como en lo que afecta al control del nivel de exigencia de los centros.

Pero la ya complicada respuesta resulta aún más difícil de argumentar en el 2020 por varias cuestiones. En primer lugar, la situación actual, derivada de la pandemia, ha llevado a las autoridades educativas y, en la práctica, al profesorado, a tomar medidas excepcionales que han supuesto un importante aumento del número de titulados y de sus calificaciones. En segundo lugar, las pruebas de acceso a la universidad, acomodándose también a las circunstancias, han aumentado su optatividad para no perjudicar al alumnado. Esto significa que podrá escoger, en los exámenes de las distintas materias, entre un mayor y variado número de opciones, lo que les permitirá acotar, si así lo desea, la materia de estudio. Y, en tercer lugar, parece más marcada la disparidad de planteamientos de la misma prueba en las diferentes comunidades autónomas, lo que hace aún más complicada esta situación. Evidentemente, esto va a suponer que las notas de corte para acceder a determinadas carreras van a subir como la espuma y, ¿serán reales? ¿Serán justas? ¿Se verán perjudicados a la hora de competir con el resto de los estudiantes españoles? ¿Aquel alumnado sobresaliente será capaz de demostrar con sus resultados que lo es?

Por todo ello, la prueba será aún más decisiva que otros años y el alumnado lo sabe. Y si añadimos a este cóctel la incertidumbre de días pasados y el escaso contacto con sus docentes de forma presencial, no hace falta agitar la mezcla para entender que nuestros estudiantes se encuentren más estresados de lo habitual. No nos sorprende, luchan por su futuro, por cumplir sus deseos, por alcanzar sus metas. Los libros de historia hablarán de la generación de la pandemia, beneficiada en unas cosas y perjudicada en muchas más. No debemos pensar si es justo o no es justo, es simplemente diferente, es la realidad que ha tocado vivir. Hay que motivar a nuestros jóvenes para que se agarren a ella, para que no la suelten, que le saquen el máximo partido y que luchen, luchen por conseguir, con el dorsal que se les ha entregado, llegar a la meta en la posición deseada. El tiempo dará a cada uno lo que le corresponde o pertenece.

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