Mover cuadros


Pocos serán los compostelanos que esta semana no estén pendientes de esa prueba trascendental a la que se enfrentan 11.400 jóvenes en Galicia y que les dará, o no, acceso a la carrera universitaria a través de la que sueñan con labrarse su futuro. A mí me tocan dos, un chico y una chica que se inclinan por diferentes ramas de la informática. Y lo hacen armados solo con un bolígrafo y un carné mientras la sociedad se plantea si la prueba es la adecuada, si hay desigualdades entre los exámenes de selectividad de las diferentes autonomías, si no sería más equitativo uno tipo test en toda España, si esa medida no procede porque se trata de una prueba de madurez en la que las competencias adquiridas dependen también de hechos culturales de la comunidad en la que se educan, si deben ser las facultades las que hagan su propia criba dependiendo de sus necesidades... Y mientras, la clase política que debe tomar decisiones tan trascendentales está ocupada repartiéndose escaños y ministerios, sustituyendo un cuadro sobre la igualdad de la justicia por una fotografía del rey, figurando en las revistas del corazón, imaginando cómo decorar el nuevo despacho con la colaboración desinteresada de la novia aspirante a diseñadora de interiores o pensando en la manera de quitar más rédito político de la próxima cita electoral, la que sea. Mientras se debate por la ABAU, el Tribunal de Cuentas certifica la quiebra de la Seguridad Social. Esos jóvenes que no saben ni lo que van a estudiar ni en qué van a trabajar desconocen si algún día podrán disfrutar de una jubilación digna. Mañana se moverán más cuadros y se repartirán más cargos. Y así todo.

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