«Vivimos un momento cultural triste»

Soledad Antón García
Soledad Antón VIGO / LA VOZ

SELECTIVIDAD

XOAN CARLOS GIL

Percusionista de oído, compró su primera batería «buena» hace tan solo 13 años

19 ago 2013 . Actualizado a las 15:25 h.

Barcos a un lado de la avenida y naves industriales al otro. Javier Buján afirma que hay pocos lugares que definan tan bien la esencia de Vigo como lo hace Beiramar: una ciudad dura, caótica, industrial, pesquera... «Cuando paso por aquí me vienen a la cabeza muchos recuerdos de la adolescencia». Es lo que convierte la zona en uno de sus rincones favoritos. Tiene grabada en la memoria la imagen del pasadizo elevado por el que desde la extinta Casa Mar se transportaban los bloques de hielo a los buques.

Explica que un plus añadido es la arquitectura de la zona, de la que se confiesa fan. «Como aquí somos tan de cargárnoslo todo, mucho me temo que como la economía mude y esas naves no hagan falta se acabarán tirando». Cree que sería un error mayúsculo, porque «no se nos puede olvidar de donde viene la riqueza de la ciudad».

Desde hace 13 años, Javier Buján es una de las caras visibles de la fundación Laxeiro, un artista con el que reconoce que nunca cruzó una palabra -«recuerdo verle en el Goya»-, pero que ahora no guarda secretos para él. «Cuando hice el trabajo sobre sus escritos descubrí a un Laxeiro mucho más poliédrico de lo que la gente piensa. Hay un estereotipo del chascarrillo, a veces bufón, incluso de un hombre de no demasiada cultura y es todo lo contrario», sostiene.

Asegura que hasta que llegó a la Fundación su vida fue una sucesión de tumbos, con la filosofía -«que sirve para hacerse preguntas, pero no para ganar dinero»- y la música como hilos conductores. La pasión por la primera se la inoculó Leónides de Carlos en su paso por el Santa Irene en COU. «No pasamos de los presocráticos en todo el curso y, sin embargo, no tuve problemas para aprobar la Selectividad». En cuanto a la música, el gusanillo le picó siendo un crío. Con 9 años le regalaron su primer tocadiscos, un Kolster con el altavoz en la tapa que metía hasta debajo de las sábanas para no hacer ruido. «La música me valió mucho para meterme en este mundo de la cultura», dice.

Es un mundo que, añade, «vive un momento triste» porque el discurso de la economía está ocupando todo el espacio, se ha convertido en hegemónico «Cuando oigo a un político hablar de la marca España se me cae el alma a los pies porque es un concepto económico. Los que tienen que hablar de la marca España son los empresarios. El trasvase de nomenclatura es muy peligroso», sostiene.

No se atreve a aventurar si, en efecto, el país ha tocado fondo. «Económicamente no lo sé, pero en cuanto a valores estamos en un cambio de ciclo peligroso. Estamos ateridos por la ignorancia de la sobreinformación y por el miedo». Va un paso más allá al afirmar que es un momento «peligroso» y que otros parecidos «nos han llevado al fascismo».

Para desengrasar un poco la periodista le invita a detenerse en su faceta musical. Cuenta que su maridaje con la batería empezó en la universidad. Lo suyo ha sido desde siempre de oído -«no sé lo que es una corchea»-, pero no ha dejado de tocar desde entonces. El primer grupo que montó se llamaba Os Piores, y parece que hacía honor al nombre. Ahora le da a la percusión en Ignorantes. Eso sí, ya con una batería de verdad que compró a plazos hace 13 años. «Lo primero que hice después de firmar el contrato con la Fundación fue ir a Mozart a encargarla».

CIUDADANOS EN SU RINCÓN javier buján gerente de la fundación laxeiro