El menos malo de los sistemas

Maribel Martín

SELECTIVIDAD

La selectividad es, digamos, el menos malo de los sistemas. Este tipo de pruebas existen desde hace muchos años, llámense pruebas de aptitud o de acceso a la universidad. Son exámenes sencillos y de mínimos, que hoy sirven para clasificar al alumnado, algo que no siempre fue así, pues en otros tiempos su función era solo confirmar la formación requerida. Y el debate es si deben ser determinantes para que la gente decida una carrera, como ocurre ahora, o si los alumnos deberían seleccionarse más por sus capacidades o competencias en la titulación a la que quieren optar. Ahora un expediente brillante que quiere estudiar una carrera que no tiene numerus clausus se ve como un desperdicio, y Enfermería, una carrera totalmente vocacional, está condicionada por unas notas de corte muy elevadas. La elección de estudios está totalmente basada en la nota y no tanto en la vocación y capacidad. Y no hay que olvidar que la mejor formación para el alumno es aquella que lo hace competente para enfrentarse a cualquier reto. Si la nueva ley que prepara el Gobierno da libertad a las universidades para que establezcan sus propias pruebas, no estaría mal siempre que estén bien hechas y valoren las competencias. Pero entonces, ¿para qué tanta reválida a lo largo de la educación no universitaria? Las reválidas son un gasto en educación enorme y fomentan una enseñanza más memorística que de razonamiento. Favorece que los centros se dediquen fundamentalmente a este tipo de educación y la formación, no lo olvidemos, es mucho más.