Con una media de 9,8 en el Bachillerato de Ciencias da Saúde, Verónica Fernández se encierra cada día en la Facultade de Historia para preparar el Selectivo, porque asegura que allí tiene menos distracciones. No quiere que haya sorpresas a la hora de conseguir la nota de corte para estudiar Medicina (una carrera que en Santiago cerró sus listas de 2007 con una calificación de 8,39) y que escogió sobre todo por su vertiente humana. «Gústame o trato coa xente e a posibilidade de salvar vidas». La Universidad Autónoma de Madrid será la primera opción en la hoja de preinscripción de esta alumna brillante, «porque a facultade é das mellores do Estado», pero Compostela también entra en sus planes, al ser una facultad «que conta con moito prestixio».
Verónica estudió Bachillerato en el Compañía de María, un colegio que el año pasado tuvo un porcentaje de aprobados en Selectividad superior al 91%. Por ahora, ni ella ni sus amigos están especialmente nerviosos ante estos exámenes, quizá porque todos tienen una buena media en el expediente académico. Sin embargo, «a medida que se achegue a data de seguro que me irei poñendo frenética».
Exámenes de otros años
Mientras, y durante cuatro o cinco horas al día, se dedica a «asentar os coñecementos adquiridos durante o curso», a hacer exámenes de convocatorias anteriores y, sobre todo, a planificar el espacio de cada pregunta «porque temos un número de follas que non se poden sobrepasar». Solo le asustan las pruebas de Lingua Galega y Lengua Española, porque «o criterio de corrección é moito máis subxectivo que nas materias de ciencias, -eminentemente prácticas- onde o exercicio ou está ben, ou está mal. Aí non hai medias tintas».
Queda atrás el agobio de un curso «no que os profesores presionan moito coa Selectividade». Muchas veces no hay tiempo y se dejan las cosas «para última hora», aunque las asignaturas que más le gustan «sempre procurei levalas ao día». Verónica también confiesa que, como en todos los centros de secundaria, en los exámenes finales los profesores siempre echan un cable subiendo unas décimas. «Nunha materia non podes pasar de súpeto dun seis a un oito, pero adoitan corrixir á alza para axudar aos alumnos». Y es que la media de Bachillerato cuenta un 60% a la hora de establecer las calificaciones finales de las pruebas de acceso a la universidad, un mal trago que decidirá el futuro de los cientos de estudiantes que el próximo 18 de junio entrarán por primera vez , y quizá para quedarse, en las facultades compostelanas.