La ambulancia


El pasado jueves por la tarde. Autopista de Ourense a Santiago. Peaje, a 11 kilómetros de la capital de Galicia, provincia de A Coruña, porque el Ulla ha quedado atrás. Vedra o Boqueixón, no sé. Por la retaguardia viene una ambulancia con el conductor pisando pedal, con las luces de emergencia haciendo que sea imposible ignorar su presencia. Quien más y quien menos se arrima un poco a la derecha para que el bólido pase con holgura, solidarios con la persona que está sufriendo dentro y necesita un médico cuanto antes, aunque todos ­-la ambulancia también- reducimos la velocidad porque las cabinas de peaje están enfrente. El asfalto se abre en cuatro carriles: dos para la vía T (los que tienen el obe), uno para la vía T y el pago sin cobrador, y otra con cobrador. Todas están libres menos la del cobrador, que tiene dos coches, uno pagando y otro esperando. La ambulancia llega pisando freno y se pone... a la cola. No debe tener obe, no debe tener tarjeta de crédito, no debe tener billetes ni monedas, porque si no está claro que no se detendría a esperar ya que debe llevar a algún enfermo o accidentado al hospital, y los segundos cuentan.

Casi paro para dejarle espacio por si decide cambiar de carril. No lo hace, me voy a pagar en el automático (ahora le llaman pago fácil, un gran invento en este país donde mucha gente desconfía del pago si no ve al cobrador), meto la visa, la recojo, se abre la barrera, salgo, miro por el retrovisor, el primer coche ya ha arrancado casi al mismo tiempo que yo y el segundo se dispone a pagar, la ambulancia continúa esperando pacientemente su turno.

Tres kilómetros después la ambulancia me pasa dando zapatilla. Fin de la historia.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

La ambulancia