santiago / la voz

Incertidumbre. La palabra está en el pensamiento y en la boca de los compostelanos, que ven como las empresas que han fundado y hecho crecer están al límite y quizá algunas no puedan volver a abrir. El drama se vive en las casas de muchos vecinos, que han tenido que pedir socorro. 

María Patricia Lodeiro y su pareja tratan de que sus tres hijos no se den cuenta de lo mal que lo están pasando
María Patricia Lodeiro y su pareja tratan de que sus tres hijos no se den cuenta de lo mal que lo están pasando

MARÍA LODEIRO, 3 HIJOS

«PIDO AYUDA PORQUE ESTOY EN UNA SITUACIÓN EXTREMA»

El covid-19 y la insensibilidad de la Administración han hecho que se tambaleara la «vida de familia normal» de María Patricia Lodeiro, y ella, trabajadora de una empresa de limpieza que superó la enfermedad tras veinte días aislada en casa, y su pareja, camarero, ambos afectados por los respectivos ERTE de sus empresas, luchan por que no se venga abajo. María lleva mes y medio sin ingresar un euro y no sabe cuándo cobrará; su marido tampoco. Ya no hay ahorros y aunque sus tres hijos (10, 7 y 3 años) son beneficiarios del servicio de comedor escolar, este es insuficiente y además la familia tiene que pagar una parte. A María el Concello le denegó su petición del bono de 50 euros para adquirir alimentos por incompatitibilidad -le dijeron- con el servicio domiciliario de comedor escolar de sus hijos: «Pero ellos comen tres veces al día, no solo una, y también los sábados y domingos», replica la madre. María cree que ser de Santiago, tener formación y haber tenido hasta ahora una vida «normal», aunque muy ajustada en lo económico, juega en su contra. «Estamos en una situación extrema, de lo contrario no pediría ayuda», insiste. Su obsesión es que sus hijos no se den cuenta, sobre todo Andrea, la mayor, que a veces pregunta. «A ellos nunca les faltó nada, lo que queremos es mantener sus rutinas y que no sepan lo que nos está pasando». En esta crisis total, María echa en falta que «miren más las necesidades de las personas».

Jorge Riande luchará por su comercio
Jorge Riande luchará por su comercio
 

JORGE RIANDE, COMERCIANTE

«ESTOY FATAL, ME PREOCUPA MUCHO EL FUTURO»

Jorge Riande es uno de los comerciantes más veteranos de Santiago, pero el cierre de su negocio le tiene sumido en un quebradero de cabeza diario. «¿Cómo estoy, cómo lo llevo?. Fatal, es una incertidumbre que no deja margen de maniobra», sentencia. A su comercio del Toural, antes del cierre de marzo, ya le había llegado gran parte de los pedidos de primavera. Los días del confinamiento pasan «en medio de trámites y negociaciones con los proveedores, y con los bancos». Jorge se queja del «papeleo de los bancos para los créditos, con intereses que varían, y con cambios continuos. No son ayudas, sino créditos que hay que devolver con tiempo de carencia, pero hay que vender para poder pagar». Al estar cerradas las fábricas, las negociaciones se complican, pero «es preciso ampliar los plazos para pagar la mercancía. Y, si pudiera, claro que anulaba alguna, pero ya está aquí casi toda». Jorge Riande afirma que «tengo que aguantar como sea, lucharé al máximo para salir adelante».

El hostelero Óscar Vidal pide directrices claras para poder planificar la actividad de su empresa
El hostelero Óscar Vidal pide directrices claras para poder planificar la actividad de su empresa

ÓSCAR VIDAL, HOSTELERO

«EN EL SCALA SE CANCELARON 12.000 RESERVAS»

Óscar Vidal es uno de los cinco propietarios del grupo hostelero formado por el hotel Scala, el Asador O Pazo, el salón de bodas Pazo Arretén y la bodega del mismo nombre, y que dan empleo directo a unas 60 personas, «más las extras de las temporadas altas y de días especiales». El parón fue un duro golpe para la familia, porque «el 2020 era un muy buen año. Teníamos todo organizado para ir formando a la gente de cara al año santo, y ahora toda la organización por los aires». Desde que comenzó el confinamiento, la suspensión y aplazamientos de bodas, bautizos y comuniones es un goteo constante, y para dar cuenta de la situación crítica «desde que se anunció el cierre de actividad, en marzo, hasta mayo se anularon 12.000 reservas en el hotel. Y falta junio», apunta. «Lo peor es no saber cuándo y cómo vamos a poder abrir». Ante la situación de incertidumbre, la familia solicitó poder abrir el hotel para atender la demanda de los comerciales, transportistas y trabajadores de empresas esenciales que «tienen que seguir moviéndose. Nos llaman, y resulta triste que no tengan un lugar para descansar, ducharse y comer caliente». Óscar Vidal pide directrices claras, «para poder planificar y buscar soluciones». 

La enfermera Susana Bembibre y sus tres hijos, que tienen clases por videoconferencia
La enfermera Susana Bembibre y sus tres hijos, que tienen clases por videoconferencia

SUSANA BEMBIBRE, 3 HIJOS

«PREOCUPA CÓMO NOS CAMBIARÁ LA VIDA»

Con tres hijos, para Susana Bembibre, enfermera en el hospital y viuda, la primera decisión fue si se aislaba y, al igual que otros compañeros, los enviaba con los abuelos para evitar posibles contagios. «Estamos los 4. Los abuelos son mayores y no les podía hacer eso tampoco, sería ponerlos en riesgo», dice, así que extremó las medidas preventivas. Facilita la conciliación el hecho de que Paloma (18 años), Sofía (16) y Eduardo (11) mantengan el horario escolar ya que desde el colegio Peleteiro les ofrecen clases por videoconferencia. La situación es más complicada para Paloma. «Está preocupada por la incertidumbre de cómo será la ABAU, si está preparada, si conseguirá entrar en la universidad», dice la madre. Bembibre concluye que «los niños se adaptan mejor que los adultos». Al principio le preocupaba que sus hijos y el resto de niños enfermasen -trabaja en pediatría-, ahora la principal incertidumbre es «cómo nos cambiará la vida el coronavirus, porque vino para quedarse».

El hostelero xalleiro José Manuel Mourelle superó el covid-19
El hostelero xalleiro José Manuel Mourelle superó el covid-19

JOSÉ MANUEL MOURELLE, HOSTELERO

«O PEOR DA ENFERMIDADE FOI ESTAR TANTO TEMPO SÓ»

José Manuel Mourelle regenta una cafetería en Santa Comba. No se imaginaba por lo que iba a pasar, aunque reconoce que lo peor «foi o aspecto psicolóxico de non saber ao que te estabas enfrontando». Ingresó en la quinta planta del Clínico el 20 de marzo, tras dar positivo en el test que le hicieron en su casa unos días antes, pese a que alertó por teléfono el día 14 de que tenía fiebre y síntomas claros de covid-19. «Cando ingresei ao pasar tantos días xa non tiña febre porque levaba desde o día 11 con síntomas como tos e atopábame moi canso, doíanme as pernas, pero non sospeitaba que fose o coronavirus e pensei nunha gripe», señala. En los inicios, su caso evidencia que no había protocolos claros: «Ata me deixaron en Urxencias en vez de levarme a zona do covid», y en una semana, ya estaba en casa. Tras una cuarentena de más de quince días recibió el alta. Lo más duro «foi estar tanto tempo só e ver noticias tan negativas, porque ao final acabas coméndote a cabeza». 

Rafael, Luisa y sus tres hijos
Rafael, Luisa y sus tres hijos

RAFAEL Y LUISA, CON 3 HIJOS

«ES DIFÍCIL CONVIVIR CINCO EN 85 METROS CUADRADOS»

Solo la madre, Luisa, mantiene su actividad laboral habitual al no hacer un ERTE la empresa. El padre, Rafael, es autónomo y, aunque su trabajo entra dentro de los esenciales, «no puedo desarrollarlo porque la oficina donde se lleva a cabo está cerrada». Tienen tres hijos -Paloma (16 años), Miguel (15) y Martina (7)-. «Es complicada la convivencia de cinco personas en un piso de 85 metros cuadrados porque es un espacio muy reducido. Coincidimos en cada esquina. Suerte que es soleado», afirma Rafael, lamentando que no se tuvieran en cuenta estas situaciones y «se diese algo más de margen» para salir como en otros países. El día a día está marcado por las actividades académicas de los hijos, a los que ayudan. «Estamos haciendo virguerías para poder adaptarnos porque tenemos una tablet y un ordenador para los tres. Esta situación no ha sido prevista por las autoridades», dice. Además de la salud y poder recuperar sus ingresos reanudando su actividad, a Rafael le preocupa «la situación económica que se nos avecina, tanto a nosotros como en años venideros por el mercado laboral para la hija mayor, que está más cerca. La situación es descorazonadora».

Encarna Álvarez, de 76 años, está sola durante el confinamiento
Encarna Álvarez, de 76 años, está sola durante el confinamiento
 

ENCARNA ÁLVAREZ, PENSIONISTA

«PASARÉ MI CUMPLEAÑOS SOLA ESTE AÑO»

Encarna Álvarez tiene 76 años. Es granadina pero vive en Santiago, ciudad de la que era su marido, quien murió joven, cuenta. Ella está cumpliendo a rajatabla el confinamiento desde el día uno: «Pasé sola mi santo y pasaré mi cumple sola este año, pero ya habrá tiempo para celebrar». Sus hijos y nietos (sobre todo la mayor, Rocío) le hacen la compra y cuenta con la ayuda de vecinos solidarios. «Soy una privilegiada, no me falta nada», dice esta mujer de carácter dicharachero. Mantener el contacto con los suyos no es un problema para esta septuagenaria, quien se maneja en redes sociales y habla por Skype. Encarna acostumbra a ocupar su tiempo libre con mil y una actividades. Suele caminar entre 8 y 10 kilómetros al día (lo que más extraña) y estaba apuntada a gimnasia, encaje de bolillos, ajedrez, al taller de memoria de Cruz Roja, teatro y a «las cañitas de los viernes con las amigas». Con una vida tan activa, «lo pasé mal al principio» del confinamiento, aunque está aprovechando el tiempo «y no me llega a nada. Y si me aburro, hago bolillos, veo un poco la televisión, tomo el sol, leo un poco... ¡Hay que aguantar hasta que pase el bicho!», proclama. 

José Menéndez, gerente de Autocares Rías Baixas, que tiene casi toda su flota parada
José Menéndez, gerente de Autocares Rías Baixas, que tiene casi toda su flota parada

JOSÉ MENÉNDEZ, GERENTE DE AUTOCARES RIAS BAIXAS

«EL 95 % DE LA FLOTA DE AUTOCARES ESTÁ PARADA»

La crisis sanitaria se está ensañando también con empresas de transporte público. Así lo constata José Menéndez, gerente de Autocares Rías Baixas: «Además de una gran preocupación por la salud de todos, la declaración de alarma trajo consigo la práctica paralización de la actividad de la empresa. El 95 % de la flota está parada en este momento, al dejar de prestar todos los servicios escolares y de carácter discrecional. Solo siguen operativos los autobuses imprescindibles para realizar los servicios públicos esenciales. En la comarca son dos: la línea 7 y la línea interurbana entre Santiago y Touro. Y ambos sufren una importante reducción de expediciones. Por otra parte, vemos complicado reanudar el funcionamiento del tren turístico a corto o medio plazo. Obviamente, la repercusión económica es absoluta, al no tener casi ingresos desde el 14 de marzo». «Son tiempos complicados, pero el ánimo entre los trabajadores no decae; somos conscientes de que debemos estar a la altura de las circunstancias», indica el gerente de Rías Baixas. 

Clara Maseda, estudiante de la USC de Ribadeo, pasa el confinamiento lejos de su familia, en su piso de estudiante junto a otro de sus compañeros
Clara Maseda, estudiante de la USC de Ribadeo, pasa el confinamiento lejos de su familia, en su piso de estudiante junto a otro de sus compañeros

CLARA MASEDA, UNIVERSITARIA

«NON SEI SE VALERÁ DE ALGO O TRABALLO FEITO NA CASA»

Clara Maseda es de Ribadeo y cursa en la USC Xornalismo y Comunicación Audiovisual. Dice que, cuando se declaró el estado de alarma, «valorei a opción de volver a casa, pero houbo varios positivos na universidade e non quixen poñer en risco a miña familia». Por eso decidió quedarse en Santiago. «Non me arrepinto, pero, se nuns días hai a opción, intentarei regresar», añade la estudiante, quien tratará de conseguir a través de la inmobiliaria una condonación del pago. «A actividade lectiva lévase mal, porque estou nunha carreira moi práctica e faise moi complicado seguir o ritmo de traballo. Estou secundando a folga da Facultade, pendente cada día do que din os profesores, o reitorado e as autoridades. É certo que ao principio, cando dixeron que suspendían as clases, nos alegramos; pero unha vez confinados cambiou o conto: pensabamos que ía ser menos tempo e tampouco sabes se o traballo feito na casa valerá de algo. É frustrante que nos esixan case o mesmo con moitos menos medios e nunha situación tan complicada, no anímico e no persoal», subraya. 

Antón Pedreira ve peligro de desaparición de librerías
Antón Pedreira ve peligro de desaparición de librerías

ANTÓN PEDREIRA, LIBRERO

«NON SABEMOS COMO IMOS PODER ABRIR»

«Para nós o peche foi na peor época, na época de máis vendas. Todo o que o verán, acabouse para as librerías porque aínda que poidamos abrir os grandes eventos xa remataron», asegura Antón Pedreira, de la librería Pedreira. A las citas ya pasadas del Día del Libro Infantil, Poesía y el Día do Libro, hay que unirle la suspensión de las ferias -ahora empezaría la de Santiago-. Para Pedreira, la palabra que mejor define esta situación es la de incertidumbre. «Non sabemos que medidas se van adoptar nas librarías, porque non é un comercio máis, nós somos axentes culturais: hai presentacións de libros, recitais... e non sabemos como se van poder facer», dice. Además, ve peligro de que desaparezcan negocios y muestra preocupación por aquellas que trabajan con libros de texto, al no saber qué pasará con ellos.

NOE RODRÍGUEZ, EN PARO

«¿CÓMO VAMOS A QUEDAR CUANDO PASE TODO?»

Noe Rodríguez Grandía perdió su empleo por culpa del coronavirus, y confía en que pueda recuperarlo cuando su jefa pueda volver a la actividad. Noe era camarera en el restaurante La Alacena de Cris, un local que tiene «una clientela especial». Lo que Noe no tiene tan claro es «si será exactamente con el mismo tipo de negocio, quizás le dé una vuelta». Al no verse afectada por un ERTE, Noe cobra el paro, lo que le permite tener algo más de tranquilidad, «al menos en lo económico». Echa de menos a su familia, y está preocupada especialmente por su madre, que trabaja en un hospital de Lugo. «Antes siempre había alguna excusa para no ir a casa, y ahora estoy deseando ir a verlos. Quiero ir». Su preocupación se centra en el futuro, «¿Cuando pase todo, cómo nos vamos a quedar. Estaremos seguros o no?». 

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«Tienen que mirar más las necesidades de las personas»