El casco histórico pierde inversiones por el deficiente servicio de Internet

Las compañías no ven negocio en una zona en la que se agudiza el éxodo poblacional


santiago / la voz

Es la pescadilla que se muerde la cola. Los vecinos abandonan el casco histórico porque no tienen servicios y la zona pierde servicios por tener cada vez menos vecinos a los que ofrecérselos. Es lo que ocurre con los problemas para disponer de Internet en una zona en la que no se pueden mejorar las comunicaciones porque la banda ancha o la fibra óptica requiere de una serie de obras que el Plan especial de protección y rehabilitación del casco histórico no permite, ya que no se puede cablear en las fachadas de los edificios ni abrir boquetes en las calles a discreción para enterrar el cableado. Y esa falta de servicio, que desespera a muchos vecinos, es una de las principales causas de su marcha.

Así al menos lo aseguran los ingenieros que conocen la problemática. «Influye la falta de aparcamiento, influye la humedad, influyen muchas cosas, pero el principal problema es Internet; hoy no se puede vivir con una conexión deficiente. Los vecinos afectados pagan por un servicio que tienen solo a medias, muchos no pueden ver vídeos en Youtube, algunos no pueden conectarse a plataformas como Netflix, y hoy ya casi nadie ve la televisión al modo tradicional», dice uno de los técnicos.

Esos problemas en el servicio es una de las causas por las que un grupo de estudiantes que el año pasado había alquilado en el casco histórico, por el encanto de la zona y por la cercanía a su facultad, decidieron este año cambiarse de piso. «Cuando fuimos a hacer el contrato ya nos dijeron que solo podía ser con Movistar, y la propia compañía nos reconoció que nos iba a llegar menos de la mitad de la velocidad contratada, por los problemas que tenía el servicio en el casco histórico. Y así fue». Lo mismo pasa en las cafeterías. Algunas con wifi son el lugar preferido por los estudiantes para conectarse a Internet, «pero es habitual que se caiga el servicio, sobre todo por la tarde, que hay más gente», dice una camarera.

Tiene difícil solución, reconocen los técnicos, pero hay alguna. «Uno de los principales problemas -subraya un ingeniero en telecomunicaciones compostelano- es que ese servicio quedó en manos de empresas privadas, es decir, de las operadoras, y no les interesa invertir en un sitio como el casco histórico de Santiago porque cada vez tiene menos población». A mayores, hay un problema de competencia; quien opera con las antiguas conexiones telefónicas es Movistar, lo que obliga a depender de un monopolio. Las demás compañías no pueden ofrecer sus servicios sin una obra previa para la que no tienen autorización, ni tampoco les interesa en las condiciones actuales.

Los afectados son, sobre todo, los particulares. Las administraciones públicas, la Universidade de Santiago y otros organismos que operan en el casco antiguo tienen sus propios sistemas de conexión, en la mayoría de los casos, con cableado subterráneo. Y hay negocios hoteleros y profesionales liberales a los que les compensa pagar más por el servicio. Pero no al ciudadano de a pie, que solo puede acceder a una conexión por línea telefónica en la que paga por una serie de megas sabiendo que a su casa solo le va a llegar la mitad.

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