Profesionales de la Unidad de Psicología Forense de la Universidad de Santiago, que realizaron un informe del hijo de la acusada, declararon que presentaba una pauta «fanática focalizada en contra de la abuela, a la que se puede llegar por el lavado de cerebro o por otras vías». Lo consideraron un caso obsesivo de nivel máximo y calificaron de patológica la relación entre la madre y el menor. «Éste es un caso único, nunca se llega a un extremo como éste», declararon y concluyeron que, ante esta situación, «la autoconfesión no es válida», por cuanto existen múltiples contradicciones con las pruebas físicas que se tienen del suceso. Consideraron que el menor conocía buena parte de lo que sucedió en el asesinato, pero había «lagunas en su testimonio» y estiman que carecía de motivación para el crimen, porque padece un trastorno inducido. «Sus capacidades cognitivas y volutivas estaban anuladas, por lo que su responsabilidad en los hechos es nula, no es el autor intelectual ni tiene capacidad para ello, es un instrumento», concluyeron.