IN VICUS | O |
14 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.HABIENDO vivido algunos años en la zona de la movida de Santiago de Compostela y habiendo sufrido el estrés que produce el no poder dormir de miércoles a sábado por el jaleo que los jóvenes montaban en las calles a altas horas de la madrugada, me resulta absolutamente imposible no solidarizarme con esos vecinos que, una y otra vez, reclaman que se implementen medidas eficaces para eliminar la grave contaminación acústica que sufren determinadas zonas de Vigo. Pocas agresiones trastornan tanto la vida de una persona como la imposibilidad de obtener el descanso nocturno necesario ya que, además de la no recuperación del cansancio físico, el nerviosismo que genera no poder dormir acaba por agriar el carácter y dificultar el normal desempeño de las actividades diarias. Nadie discute que todos tenemos derecho al ocio y a la diversión. Tampoco se pone en tela de juicio el derecho de algunos empresarios de la hostelería a ganarse la vida con la prestación de estos servicios por la noche. Sin embargo, también resulta innegable que, sobre estos derechos, prima el del ciudadano normal a descansar, porque, el niño que tiene que ir al colegio a la mañana siguiente, el trabajador que tiene que desarrollar una jornada normal, el anciano que ya ha contribuido a hacer de esta ciudad lo que es, se merecen tener una vida armoniosa y enriquecedora. No es un problema de fácil solución pero tampoco es imposible, sólo se requiere voluntad y la puesta en práctica de medidas eficaces, tales como, revisar la acústica de los locales, cerrar los que no están bien acondicionados, reducir el número de licencias por zona y adelantar los horarios de apertura y cierre evitando. Querer es poder.