Santiago-Padrón


Son tantas las fortalezas de Compostela como destino turístico que resulta incomprensible que las administraciones no hayan dado aún con la tecla para superar los raquíticos dos días de tiempo de permanencia media de los visitantes en la ciudad, un déficit del que se habla y debate sin soluciones desde hace dos décadas. Fortalezas en la propia capital, más allá del potentísimo pero limitado radio de acción del monumental entorno de la Catedral y aún dentro de la corta distancia que nos permite un liviano recorrido a pie desde el centro urbano. Fortalezas superlativas en las comarcas compostelanas, desde los espectaculares parajes naturales del Tambre hasta los del Ulla, desde el armonioso románico del Melide jacobeo hasta el Padrón de la Traslatio y de un pasado literario que ya quisieran lucir localidades de rango demográfico y presupuestario infinitamente superior. Es la capital del Sar ejemplo de potencialidades insuficientemente aprovechadas, tanto para sí como para toda la comarca. Desde ayer, con el relanzamiento de la Casa Museo de Rosalía de Castro al ampliar y renovar su programa museográfico coincidiendo con el aniversario de la muerte de la autora, hay motivos reforzados para aprovechar el eje Santiago-Padrón como argumento irrevocable para la prolongación de los recursos del turismo cultural por el que apuesta la capital de Galicia por su posición de privilegio como ciudad patrimonio de la humanidad. Lástima que la transición de la Fundación Cela debilite de momento el otro gran atractivo literario padronés, pero hay que esperar que concluya pronto para contribuir a un presente prometedor.

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