Hay días en que Lucía está triste y su sonrisa se apaga. Pocos, pero alguno hay. Es lo malo que tiene dejarse el alma en el trabajo, que generas expectativas y luego pueden no cumplirse por mil razones ajenas a ti. Y te rascas la cabeza pensando en qué has fallado. Porque Lucía es perfeccionista, constante y de fiar. Por eso su jefe le da cuerda y por eso ella da la cara cuando las cosas no le salen bien. ¿Y cuándo no le salen bien? Una vez al año. ¿Está la mujer contenta por haber acertado en el 99 % de las veces? Para nada. Sigue dándole vueltas a ver qué falló, por qué ha venido tan poca gente a ver esta obra...
Y es que Lucía es la técnico de cultura del Concello de Oroso, una encantadora alma inquieta que, bajo la dirección del concelleiro de turno, ha demostrado que un municipio pequeño puede situarse en la vanguardia cultural de Galicia. No de la urbana, por supuesto, la comparación con Lugo o A Coruña es una osadía que roza la estupidez, y ya no digamos con Santiago. Pero en la Galicia rural, la que está abandonada y que salir del olvido depende de la actividad del alcalde, no se registra otro caso como el de Oroso. Su apuesta permanente por la cultura le ha permitido vivir momentos de gloria como la reciente visita ad hoc de la embajadora de Hungría. Y es que el Camino Inglés -razón por la cual se desplazó desde Madrid la diplomática- forma parte del ADN cultural de Oroso.
La temporalización de actividades culturales con un inteligente reparto a lo largo de todo el año, la variedad de la oferta y la complicidad con la población se han convertido en las credenciales de esa técnico. Y en un ejemplo para el resto de los municipios de la comarca.
Resumen: Lucía es un lujo.