Una cafetería en los campos de la Torre

El contrato para la ciudad deportiva se firmó en el 2015, pero el servicio sigue sin crearse


Para hacerse una idea de lo que supone esta cafetería hay que ponerse en situación: mes de enero, ocho y media de la mañana de un domingo, dos grados de temperatura, un incómodo aguacero agravado por el viento del norte y, con un poco de infortunio, el cruel escenario de un campo sin grada cubierta, abierto a las duras inclemencias de punta Herminia y sin un solo refugio para el espectador del partido. Esta es la cara ingrata de la ciudad deportiva de la Torre. Hay días en que los numerosísimos padres coruñeses que acompañan a sus hijos para que hagan deporte serían justos merecedores de la medalla al valor.

Es sobre todo en esos casos cuando los progenitores repasan con todo detalle la lista de agravios. Es decir, la de aquellos escenarios que sí están preparados para la intemperie durante el aquelarre del cumulonimbo, tan habitual en estas latitudes: Meicende, Elviña, Ordes, donde jugamos aquel amistoso en verano, Carballo… Todos con un bar en la grada en el que poder anestesiarse con un café caliente o un lingotazo de chocolate durante los meses más crudos del invierno. Algunos campos, como el del Bergantiños, han montado con habilidad una cafetería acristalada, de manera que hasta es posible presenciar el partido cómodamente instalado en el interior.

Pero la Torre es otro mundo, concebida solo para partisanos del balompié dispuestos a poner el pecho a las balas, pues parece que todas las ciclogénesis entran por esa esquina del mundo. Y ni café ni leches, a pesar de que un empresario firmó con el Ayuntamiento el contrato de la instalación el 15 de mayo del 2015. Vamos camino de los cuatro años. El proyecto está listo, pero todo sigue parado. ¿Por qué? Pues no hay por ahora respuesta municipal, pero como tantas cosas en esta ciudad, continúa en el limbo.

Tanto, que el empresario, harto ya de esperar, ha presentado una reclamación contra el consistorio y reclama 377.000 euros de lucro cesante, un supuesto perjuicio económico que incrementa su cuantía día a día y que podríamos acabar pagando todos los coruñeses. La ciudad deportiva de la Torre recibe cada año, según los cálculos del Ayuntamiento, 300.000 visitantes que deben abandonar el recinto o asumir los productos de las máquinas de vending si quieren tomar algo caliente.

Al adjudicatario de la inexistente cafetería se le pidió incluso un proyecto de control arqueológico que presentó en abril del 2016 para constatar que los únicos vestigios que afloraban junto al frontón (ya explorado antes por otros arqueólogos) eran una bota de Bebeto y un calcetín de Donato, totémico legado de aquellos años noventa en que el Superdépor de Arsenio Iglesias entrenaba por allí cerca.

Por Alfonso Andrade Coruñesas

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Una cafetería en los campos de la Torre