No es gracioso


Hay noticias que en una primera lectura nos sacan una sonrisa fácil, pero a poco que profundicemos en ellas nos damos cuenta que son cualquier cosa menos graciosas. Me estoy refiriendo a esa persona que cazaron en Melide que, con tanto alcohol en vena como para ser el rey del botellón de esa noche, se sintió perseguido por los agentes de la autoridad. En unos días en los que los restaurantes están llenos de personas que salen a pasárselo bien, o que intentan hacer de tripas corazón y soñar con que el 2018 sea mejor que el año que estamos a punto de despedir, resulta de todo menos gracioso encontrarse en plena carretera con alguien tan absolutamente inconsciente como para que ni siquiera se le pasase por la cabeza que lo de conducir borracho no tiene ninguna gracia.

Aunque a los amantes del cubata y el gin-tonic para rematar la cena de empresa les resulte extraño, la experiencia de ejercer de coche escoba de una recua de compañeros de curro un poco achispados, o mucho, puede resultar infinitamente más divertida. Sentir como dentro del coche se ponen firmes, confirman que viajan con el cinturón de seguridad tan bien colocado como visible y tratan de disimular como si les hubiesen pillado con un examen robado de COU no tiene precio. Como tampoco lo tiene bajar la ventanilla a requerimiento de la autoridad para decirles que sí, que te tomaste un vinito de tu tierra, pero que la cena fue tan copiosa y divertida que por tus venas solo corre buen rollito. Lo que sí molaría de verdad es hacer la ruta de vuelta a casa con la tranquilidad de que en los coches con los que te cruzas está pasando lo mismo.

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