Aunque la muestra sectorial de la Festa do Queixo abrió ayer sus puertas, la jornada dominical se presenta en Arzúa como la de mayor afluencia de asistentes y, por tanto, la de mayor trasiego comercial. Lo dice, con conocimiento de causa, una veterana de la convocatoria y también en la elaboración doméstica de los llamados quesos do país. Felicidad Couso lleva tantos años vendiendo el producto en la cita de exaltación de su localidad natal como ediciones tiene la Festa do Queixo, es decir, treinta y siete. Y con esa experiencia, afirma que «mañá -por hoy- é o día de vender».
Unas trescientas piezas de queso tiene para despachar en el espacio que en el recinto ferial se les reserva a las queixeiras tradicionales. Serán unas cincuenta, menos que en ediciones pasadas. Soledad Couso tiene claro por qué. «Non hai tantas mesas porque esta vez cobraron polos postos de venda e paréceme moi ben porque outros anos, xente da mesma casa poñían ata oito postos», cuenta la mujer.
El precio de sus quesos varía, en función del peso, entre los 2 y 7 euros. Y no vale el regateo. «Non acepto, aínda que a min non me regatean porque veñen a tiro fixo», afirma Felicidad. A su lado, una familia de Melide se llevó para vender este fin de semana en Arzúa cuatrocientas piezas. Lupe Doamo, que ayuda a su madre en la venta como lo hacía cuando era una niña con su abuela, confía en hacer una buena feria.