La quince edición del Día da Familia de Culleredo se consolidó como un clásico, aunque el agua redujo la afluencia de gente
16 jun 2008 . Actualizado a las 11:48 h.Las previsiones meteorológicas hacían presagiar lo peor, y las previsiones se cumplieron: ayer a media tarde apareció la lluvia y disuadió a mucha gente de acudir al parque recreativo de Acea de Ama, en Culleredo. Sin embargo, y pese a ese inconveniente, la edición número quince del Día da Familia fue todo un éxito.
La organización calcula que más de 30.000 personas disfrutaron de esta romería civil en la que, como todos los años, los niños son los verdaderos protagonistas. Desde las diez de la mañana disfrutaron de los castillos hinchables, un futbolín humano, un tren eléctrico, el toro mecánico y, sobre todo, de los miniquads de gasolina, que fue la atracción que más colas de espera acumuló. En este espacio recreativo también se desarrollaron actividades deportivas como aeróbic, chave, baloncesto, tirolina, balonmano y un túnel de aventura. Y para los que preferían algo más relajado, en el palco principal actuaron numerosos grupos de música y de baile del municipio de Culleredo.
Sobre las dos de la tarde hubo un paréntesis para reponer fuerzas y todo el campo de Acea de Ama se llenó de olor a churrasco, empanada y pulpo. Las familias que no llevaron el almuerzo de casa tuvieron la opción de sentarse en los bancos de una pulpeira de Melide o comprar la ración de churrasco y pan por 8 euros, más 2 euros por otra de chorizo criollo. Y de postre, tartas de una panadería de Carral.
Sobre esa hora también llegaron algunas autoridades invitadas por el alcalde de Culleredo, Julio Sacristán, y el concejal de Cultura, Celestino Poza. Por allí se dejaron ver el conselleiro de Presidencia, José Luis Méndez Romeu; el presidente de la Diputación, Salvador Fernández Moreda; la delegada de la Consellería de Traballo, María Debén, y concejales de municipios vecinos, como Florencio Cardador, responsable de Seguridad Ciudadana en A Coruña.
Después de la comida, todas las familias dejaron las mesas y las sillas y abarrotaron las que había frente al escenario, volvieron a pasear por la carpa solidaria o a aprender caligrafía árabe. Porque, como volvió explicó Julio Sacristán, la mayor afluencia de gente siempre llega a partir de las 15.30 horas, «xa que ao público gústalle ver as actuacións». Y sobre la lluvia (que no frío, ya que hizo todo el día bastante bochorno), el alcalde le restó importancia: «É verdade que baixa a afluencia, pero a xente ven igual porque consideran esta festa como propia».