«Este centro de Brión é un espazo colaborativo moi ben entendido»

Setenta personas participaron en cursos para elaborar y comercializar conservas


santiago / la voz

Superadas las siete de la tarde, quince personas, en su mayoría mujeres de más de treinta años, están, literalmente, con las manos en la masa y atención infinita a las directrices de Gema Fernández, profesora del taller que se imparte en el centro Transformando Brión, el proyecto colaborativo para el sector primario financiado por la por la Diputación de A Coruña y el plan GDR Terras de Compostela, una iniciativa que también ha servido para darle una segunda vida a las instalaciones vacías del centro comercial Monte Balado.

Esta es una de las múltiples iniciativas de formación del centro, inaugurado el pasado diciembre y que busca dar una salida a los productos de temporada con todas las garantías sanitarias y de calidad. El coronavirus frenó en seco su actividad, pero superado el estado de alarma ha recuperado el ritmo.

El centro está ubicado en Brión, pero su alumnado, agrupado en cursos de quince personas, procede de toda la provincia. «Hai unha muller que acaba de chamar e vai vir todos os días desde A Coruña», explica Pilar García, veterinaria de formación que se encarga de que el centro colaborativo sea un espacio sanitario seguro y que todos los procesos cumplan los estrictos controles de salud pública. En esto no tiene que ver solo el covid-19, ya que Transformando Brión nació con la idea de que todo cuanto salga de sus instalaciones tenga el registro sanitario correspondiente.

Hasta la fecha, más de setenta personas han pasado por sus talleres. Y todo apunta a que hay trabajo para rato, ya que cuando llegue el tiempo de la cosecha todos los conocimientos adquiridos deberán servir para elaborar la primera partida de conservas de Transformando Brión.

Este salto llegará posiblemente en septiembre, porque así lo decide la naturaleza y el ritmo de productos como el tomate y distintos tipos de frutas. Para entonces, explican Pilar García y Dora Vieiro, el alumnado habrá dejado de serlo y serán profesionales con la formación y titulación adecuada para lanzarse al mercado.

«Para producir, toda a xente ten que estar formada, porque ninguén pode condicionar a viabilidade das producións do resto», destaca la veterinaria. Cuando esto ocurra, este espacio colaborativo podrá funcionar a máximo rendimiento, lo que significa que las instalaciones estarán disponibles 24 horas al día y 365 días del año. Conseguirlo es el gran reto que reconocen Dora y Pilar tras haber logrado, según resaltan ambas, superar todas las dudas de índole sanitaria y la puesta a punto de las instalaciones.

Los cursos tienen una duración mínima de veinte horas para aprender y habituarse a todos los protocolos sanitarios y de higiene alimentaria, pero también se imparten otros más especializados para hacer conservas vegetales y masas de todo tipo.

«O noso obxectivo é que esta formación sexa unha saída laboral, non un curso de cociña, por iso intentamos que se achegue xente que faga disto o seu traballo», añade García. A la hora de planificar los cursos se parte de la máxima de que «durante a formación, temos prácticas que intentamos que sexan o máis similares a un funcionamento profesional, pero canto te estás formando non podes estar traballando ao mesmo tempo con alguén que quere sacar o seu produto».

Cuando esta parte del programa esté superada, saldrán las primeras producciones, que deberían estar listas para otoño, pero con las miras puestas en que la nueva realidad permita repetir la experiencia de la feria previa a las fiestas de Santa Minia. Y a partir de ahí, acudir a múltiples mercados.

En ese momento podrán verse los diferentes modelos que ahora están en fase embrionaria, que pasan por la comercialización de conservas elaboradas en equipo y también de productores que habitualmente comercializan sus cultivos frescos pero que quieren dar un paso más y dar salida a sus excedentes envasados con marca propia. También quien espera encontrar un trabajo.

Tras los primeros meses de faena, Dora Vieiro destaca especialmente la actitud y ganas de aprender de todas las personas inscritas en los cursos. «O que estamos vendo e que este centro de Brión e realmente un espazo colaborativo ben entendido porque aquí a xente intercambia moitas ideas, axúdanse entre todos, polo que obxectivo co que naceu este centro xa está cumprido». «Aquí intercambiaron sementes, receitas e houbo quen plantou algún cultivo para todo o mundo», añade Pilar. Ambas coinciden en que les gustaría que hubiese muchos más centros como este para dar salida a producciones de alta calidad, con todas las garantías y que fomentan una economía circular y sostenible: «Queremos demostrar que este é un modelo que funciona e que o centro chegue ao seu máximo rendemento, porque aquí poderase traballar todos os días do ano. Hai espazos compartimentados que xeran ter unha capacidade de traballo case infinita, xa que poderá haber tres persoas traballando ao mesmo tempo facendo conservas, masas e elaborando zumes».

«Debería haber un destes espazos en cada concello de Galicia»

Trabajar durante horas con hornos industriales y mascarilla quirúrgica es una realidad con la que no contaban las quince personas inscritas en el primer curso de repostería del centro, pero ninguna se queja, sino todo lo contrario.

Blanca Ledo, brionesa, es una de las mujeres implicadas en este programa. «Queiras ou non, na túa casa fas as cousas o mellor que podes, pero aquí tes que seguir unha serie de protocolos moi concisos e profesionais», afirma. En su caso, su meta no es producir con marca y cosecha propia, sino aprender.

María Hervés, de Herbón, tiene un planteamiento completamente distinto, ya que ella trabaja en una comercializadora de pimientos bajo la marca de Herbón Calidade, por lo que la capacitación para producir con registro sanitario le da valor añadido a su perfil profesional. También lo ve como una apuesta colectiva ya que destaca que «esta formación abre moitas portas para darlle saída ao mercado as producións de moitas casas».

Gema Fernández es la profesora de repostería. Procedente de Porto do Son, se reconoce encantada con la actitud de sus alumnos «porque son moi colaborativos e sempre están botándose unha man». También con la filosofía de Transformando Brión. «Debería haber un destes espazos en cada concello de Galicia», sentencia.

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