Deriva turística

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

05 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Esta Semana Santa se ha encendido, como era previsible, la luz ámbar —si no todavía la roja— para el sector turístico de Santiago. Si nadie lo remedia, podríamos estar ante un cambio de signo que daría al traste con la exitosa evolución acumulada, año tras año, al menos desde el histórico Xacobeo de 1993. Y mucho me temo que está equivocado quien pueda pensar que la catedral y el casco histórico son imbatibles en la escena española e internacional como polo de atracción turística. En este negocio, el que no corre, vuela. Y no se puede decir que Santiago esté volando actualmente, ni siquiera corriendo. Peor aún, chirrían los argumentos del antiturismo, como si la capital gallega pudiese prescindir en su base económica de su principal fuente de recursos, dejando aparte el empleo público y asimilado. No puede ni debe prescindir, porque nadie en las Administraciones —ni siquiera los más reticentes al turismo en la ciudad— han demostrado estar muy preocupados por diversificar las bases productivas que deberían sustentar un futuro económico halagüeño para los compostelanos, mientras se les llena la boca hablando de innovación, investigación, tecnología y otros términos que en absoluto son incompatibles con la riqueza que genera el turismo y que deberían incrementar el ínfimo peso que, frente al sector servicios, tiene la industria en la economía capitalina. Esta Semana Santa, con los datos provisionales de ocupación hotelera maquillados por las reservas de última hora animadas por el buen tiempo, es la antesala de un año que apunta mal. Y no se podrá culpar de ello al cierre del aeropuerto de Lavacolla, durante algo más de un mes, a partir del próximo día 23. Los hosteleros llevan meses advirtiendo de una deriva en la que Santiago se está dejando su título, ganado con esfuerzo —y suma de voluntades políticas de distinto signo— de puerta de entrada del turismo en Galicia, de principal cartel de nuestra comunidad en el mundo. Y una vez que se consume esta pérdida, va a ser muy difícil recuperar esas ínfulas. La marcha de Ryanair está teniendo gran impacto, y no solo en Santiago, pero hay medios para compensar esa espantada, siempre y cuando exista diálogo constructivo —que no se oye— entre los responsables políticos.