El Trébol nació con el chiquiteo y cumple 50 años consolidado como restaurante

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

David y Manuel Dubra asumieron totalmente el relevo en el establecimiento hostelero de Santiago al jubilarse sus padres, Manuel y Mercedes García

13 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace 50 años, un 27 de marzo de 1976, Manuel Dubra y Mercedes García pusieron en marcha su negocio hostelero. «A diferencia de lo que hacían la mayoría, mis padres compraron dos locales, el de A Raíña y el de avenida de Raxoi, y se fueron a Suiza para pagar los créditos. Estuvieron ocho años, y cuando volvieron abrieron primero el Raxoi en el 1975 y el Trébol al año siguiente», explica David Dubra. Él y su hermano Manuel siguieron sus pasos en el mundo de la hostelería. En el año santo 93 comenzó a fraguarse el relevo. «Mi hermano estuvo un tiempo con mi madre en el Raxoi y yo con mi padre en el Trébol, pero hace cuatro años se jubilaron, y nosotros decidimos quedarnos solo en el Trébol», explica David, que reconoce que la hostelería cambió mucho, y ahora «todos queremos tiempo para vivir». El Trébol nació como bar, «era una época en la que se vendían tazas de vino del Ribeiro, País y Barrantes. Era tiempo del chiquiteo, que aguantó muchos años después. Los estudiantes venían a tomar las tazas. Era una tasca, pero también funcionaba como centro social; no había móviles, pero te encontrabas con los amigos». Durante muchos años, el Trébol era conocido por su tortilla de patata, «era gorda, muy alta y grande. Mi madre decía que hacia falta mucha fuerza para darle la vuelta a la tortilla. Todo con patatas de la huerta y huevos de casa». La sartén era tan pesada que «decidieron dejar la hacerla porque las espaldas no aguantaban, y también fueron cambiando los gustos. Quedaron hartos de tortilla. Aún está la sartén por algún sitio». Cuando empezó a crecer el turismo, «venían por la fama de la tortilla». En el año 1993, David cree que la «vieja guardia de la hostelería se dio cuenta de que el turismo era un filón; y comenzaron los cambios en A Raíña y O Franco». Considera que A Raíña «siempre fue más de los de Santiago, y el Franco comenzó a ser más de turistas. Hoy en día se mueven por todos los sitios, pero los de Santiago creo que siguen teniendo esta parte como más suya». En 1999 se produjo el gran cambio en el Trébol, fue entonces cuando se dejó el chiquiteo casi totalmente y se apostó por la restauración. «Se siguen tomando unos vinos, pero nada que ver con los años 80. Ahora lo fuerte es la cocina, y nos conocen por el chuletón de ternera y la mariscada, que es lo que quieren los de fuera». Uno de los cambios más radicales se percibe en la forma de llevar el negocio, ahora «cerramos dos días a la semana, martes y miércoles o miércoles y jueves. Eso era impensable cuando mis padres empezaron. Cerramos tres meses al año, desde antes de Navidad», y aun así «la hostelería es muy dura, pero bonita. No hay que olvidar que, cuando la gente se divierte, nosotros tenemos más trabajo. Si tu pareja no es del sector, cuesta hacerlo entender; y por eso hay que hacer cambios para poder conciliar, nosotros también».