Elegancia, cero

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

02 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En este país un botarate con cargo político dice que hay que echar a la máxima autoridad de RTVE a patadas (textual). Un impresentable con carrera (que curiosamente respalda a un partido constitucionalista) hace demagogia desde Santiago y defiende que con la motosierra de Milei se ahorrarían 90.000 millones de euros (echando a la gente al paro, claro). La señora Ayuso se pasa de frenada y llama lo que llama al presidente del Gobierno. Así que, con ese ambiente, ¿cómo esperar que no se contagiaran los equipos de las aspirantes a rectora de la USC? Difamaciones y bulos en atmósferas universitarias que por definición uno esperaba elegantes y discretas.

En el 2002 se disputaron el rectorado Senén Barro y Xosé M. Sabucedo. El firmante entrevistó a los dos y fueron exquisitos el uno con el otro, subrayando las diferencias de programa pero sin una mala palabra para el adversario. Ganó el primero, y el segundo fue un caballero. Seguro que de puertas para adentro el ambiente fue distinto, pero ambos tuvieron la elegancia de que no traspasara las puertas ni la mínima observación que se pudiera entender como una patada a la espinilla.

Cierto: entonces no existía ese cubo de basura que son las redes sociales, donde se pueden crear perfiles falsos y desde el anonimato acordarse de su madre. Y achacar eso a la adversaria —como el criticar que haya retirado de su candidatura a un profesor por su ideología— es tan vomitivo como crear esos perfiles de cobardes. Fango y una falta de categoría que hace pensar que lo mejor es que se retiren ambas candidaturas y se presente otra que sepa lo que es la ética y el respeto. Pero esto último es mucho pedir en la USC, a lo que se ve.