De ultramarinos a templo del deporte: el medio siglo de historia de Amarelle en Santa Comba

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Tania, Nuria, Maricarmen, Carmen y Jose (en la foto, de izquierda a derecha y de arriba a abajo) en Deportes Amarelle, tienda que cumplió en el 2025 los 50 años.
Tania, Nuria, Maricarmen, Carmen y Jose (en la foto, de izquierda a derecha y de arriba a abajo) en Deportes Amarelle, tienda que cumplió en el 2025 los 50 años. PACO RODRÍGUEZ

Así resiste este pequeño comercio dirigido por mujeres el paso del tiempo

08 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Muchas cosas han cambiado en Amarelle en los últimos 50 años: el género que vende, el local, los maniquíes... pero el olor sigue siendo el mismo. «Ten un recendo moi característico. A xente xa o di: ‘Aquí ole a Deportes Amarelle'. Para min, ole a casa. Eu empecei a andar nesta tenda, estudaba na súa trastenda e xogaba na beirarrúa de diante», dice Nuria Amarelle, quien hoy ve a sus hijos Carmen y Jose corretear por el establecimiento, jugar con los balones y entregar la bolsa con sus compras a los clientes que frecuentan el negocio familiar, un pequeño comercio dirigido por mujeres que resiste el paso del tiempo con entereza, con grandes dosis de esfuerzo y mucho corazón.

Todo comenzó hace ya medio siglo, en 1975, en otra calle distinta (Alfonso Molina). «A tenda fundouna a miña nai, Maricarmen García Torreira, e era un ultramarinos onde había un pouco de todo: unha parte de deportes cando non se facía case deporte, libraría, alimentación... Foi deixando cousas e acabou quedándose co tema deportivo», explica su sucesora, quien cogió el relevo cuando la otra se prejubiló, en el 2009. El Amarelle que conoció Nuria de niña era un lugar donde entraban abuelos, padres y nietos: «Sempre había xente polo medio e, a miña nai, despachando a uns e outros, vendendo zapatillas, facendo fotocopias a un peso... Os banqueiros viñan alí moito e eu usaba esa mesma máquina para facer copias da miña cara».

Digna alumna de su maestra, heredó de Maricarmen el arte del trato con el público. «Foi unha boa herdanza, que me valeu de moito», constata una mujer que presume de progenitora. «Ela botou toda a vida aquí, sacando adiante aos tres fillos con esta tenda», subraya. El valor emocional también llega a los clientes que se reencuentran años después con un espacio que no pierde su alma: «Hai pouco veu un que non me soaba. Estaba como emocionado e, cando elixiu o produto que ía levar, contoume que tiña 43 anos e facía moito tempo que non viña por aquí, pero sentía como se non pasase o tempo, porque veu o mesmo chan e estantes de sempre». Nuria hizo algún pequeño cambio y dio el salto a la digitalización, pero la esencia resiste en el local de la rúa Pontevedra.

Allí cuenta con el apoyo de una empleada, Tania, a la que contrató para poder conciliar la vida laboral y personal (de hecho, ambas se turnan en vacaciones para mantener abierto todo el año Deportes Amarelle). Como en cualquier otro negocio, las modas marcan lo que tienen y lo que no. Y, si en los 80 se llevaba el hockey, hoy lo hace el pádel. «Eu trato de escoitar moito aos meus clientes para traer o que demandan, sempre que nos sexa posible —indica la xalleira—. Ao final, é grazas a eles polo que hoxe seguimos aquí», sobreviviendo a varias crisis, a los grandes almacenes, a las compras online y las falsificaciones en los mercadillos locales. «Hai puntos nos que somos máis fortes ca eles, como o cariño que lle poñemos e o coñecemento que temos dos gustos dos nosos clientes e tamén dos seus achegados», afirma.

 

¿Sus años dorados? «O presente, e o que está por vir», contesta esta pequeña empresaria, quien dice que a partir de ahora a Deporte Amarelle le quedan otros 50 años por delante, «polo menos...». De carácter decidido, como su madre, está dispuesta a seguir bregando hasta que el cuerpo aguante: «Isto é un negocio familiar, non é unha mina de ouro. Mantelo en pé a base de moito esforzo. Iso sábeo calquera empresario do pequeno comercio local, Pero se non cuidadmos o pequeno comercio entre todos as luces acabarán apagándose do pobo, e do propio negocio». Mantener «a maxia e a ilusión cara o público» es su meta diaria y la reja seguirá levantándose en Amarelle, de lunes a sábados, siempre que siga habiendo una cara amiga a la que atender.