Xosé Manuel Villanueva, escritor: «Las novelas que me interesan siempre están ancladas a la realidad»
SANTIAGO
Presentará mañana en el Ateneo de Santiago su sexta obra, «La gratitud de los delfines»
01 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Dos amigos de la infancia, Víctor y Magda. Él es periodista ocupado en las intrigas de la política y el urbanismo en el periódico local de Santiago en el que trabajaba y ella una licenciada en Medicina a punto de completar su tesis doctoral en Estocolmo en un laboratorio donde se crían ratones transgénicos para la experimentación biológica. Él pierde a un hijo por una alteración biológica y ella desea ser madre. Al final, llegan a un pacto: tener un hijo común al margen de sus parejas. Este es el punto de partida de La gratitud de los delfines, la sexta novela de Xosé Manuel Villanueva (Lugo, 1959), que comenzó a germinar en su cabeza hace dos décadas y que mañana presentará en el Ateneo de Santiago (19.30 horas).
Esta obra llega seis años después de Oriente, Occidente, una publicación recopilatoria que reunía una trilogía formada por dos novelas y cuento. «La gestación de las novelas es lenta, primero van apareciendo las ideas y después se van materializando, pero no tengo ninguna tensión, me gusta que las cosas se asienten», afirma el autor. Con La gratitud de los delfines, Villanueva «quería trabajar la relación entre amor, amistad y paternidad o maternidad. Habitualmente, tenemos la sensación de que es el amor lo que conduce a la maternidad/paternidad, pero en la novela aparece por medio la amistad, que acaba siendo más importante para llevar a cabo los proyectos personales».
Toda la trama la sitúa en seis meses de 1996, con Santiago como un escenario determinante, aunque no único puesto que también hay presencia de otros lugares próximos y de Estocolmo. ¿Por qué en 1996? «Porque era un momento especialmente significativo y de gran dinamismo en la ciudad. Además, me interesaba para poder plantear en la novela el proceso contradictorio que vivía Víctor porque el periódico en el que trabaja le obligaba a mostrar opiniones que no comparte, pero que tiene que hacer suyas, respecto a la política municipal. Por otro lado, se producen unos avances científicos que interesaban en el avance de la novela», responde.
Ese año 1996 de la novela coincide con un momento en el que Xosé Manuel Villanueva ejercía como teniente de alcalde en Santiago. ¿Tiene mucho del autor el personaje de Víctor? «Evidentemente, la novela no retrata ni a mí ni a nadie. Me pasa —pienso que le sucede a cualquier escritor— que no soy capaz de conseguir un proceso creador en el ámbito de la literatura en la que no esté reciclando mi experiencia. En cierta medida, he podido escribir esta novela porque he tenido una trayectoria personal en la que he vivido cosas que me permiten manejarlas a efectos de una creación, pero no hay ninguna persona que me retrate», contesta. Pese a que no hay identificación con ninguno de los personajes y que puede sentirse incluso más próximo a Magda en algunos aspectos, Villanueva añade que sus creaciones siempre tienen una conexión con la realidad: «Las novelas que me interesan siempre están ancladas a la realidad, no son fantasiosas. Es decir, tienen una aproximación muy fuerte a dinámicas reales, en las que se anclan». Apunta que lo que le sucede a Víctor con su periódico, en donde también están presentes las presiones urbanísticas, «no narra nada que haya sucedido así exactamente, pero sí revela un sustrato que es real, es decir, podría haber sucedido». Como elemento en la historia, incluye las torres Hejduk, ahora en el Gaiás y que inicialmente se iban a ubicar en el parque de Belvís.
Esa nueva novela de Villanueva forma parte de un proyecto en el que está trabajando, Discurso de la ignorancia, «que no es importante para el lector, pero a mí se sirve como creador». En este marco prevé cinco o seis novelas. La segunda ya la concluyó — prevé publicarla en el 2026— y en la tercera ya está trabajando.