Los vecinos impulsan inversiones millonarias, con derramas de entre 20.000 y 30.000 euros por vivienda
27 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El desarrollo urbanístico de los terrenos situados fuera del ámbito del casco histórico comenzó allá por los años 70 del siglo pasado y supuso toda una revolución para una ciudad en la que no había ninguna edificación más alta que la Catedral. Durante varias décadas, Santiago asistió a un bum urbanístico impulsado por la bonanza económica. Fue el momento de aprovechar el terreno al máximo y levantar torres de edificios sin detenerse en proyectar calles y avenidas anchas. Más de 50 años después, los vecinos del Ensanche se han propuesto afrontar una segunda transformación del barrio, con la rehabilitación de las fachadas, tejados y ventanas que, además de mejorar estéticamente, el aspecto de los edificios que habitan, también les permite dar un paso de gigante en mejoras de aislamiento térmico y ahorro energético.
Este lavado de cara está llegando por igual a las calles del interior del Ensanche como a las de su periferia. La modernización de los edificios es una realidad tanto en las calles de Santiago centro —Xeneral Pardiñas, República do Salvador, República Arxentina o Montero Ríos, donde los precios de venta y alquiler de inmuebles y bajos comerciales son más altos— como en otras con rentas inferiores —Santiago de Chile, Rosalía de Castro, A Rosa, Ramón Cabanillas o Frei Rosendo Salvado—. Prácticamente en todas las rúas del Ensanche hay ya ejemplos de esa lavado de cara, y son muchos los andamios instalados que indican que esta transformación no ha hecho más que empezar.
A la hora de escoger materiales, los propietarios optan mayoritariamente por Sate, un sistema que consiste en colocar paneles aislantes en la fachada exterior y que tiene un coste inferior al de la fachada ventilada, que es un revestimiento exterior que separa la capa de acabado del muro principal con una cámara de aire. En ambos casos, la clave es lograr un ahorro energético que debe ser superior al 30 % para poder optar a las diferentes líneas de ayudas.
Las inversiones millonarias de las comunidades están siendo posibles por la planificación de ahorro de los propietarios y por la posible concesión de esas subvenciones. Una de las quejas más repetida entre los vecinos es el exceso de trámites y documentos para optar a las ayudas, y el temor a perderla, una vez concedida, porque no sea posible terminar la obra a tiempo. Lamentan especialmente la espera para tener la licencia de obra, y el hecho de que la ocupación de la vía pública no se tramite a la vez, lo que implica una nueva espera de meses.
Por término medio, y dependiendo del material empleado para renovar la fachada, de los metros cuadrados y del número de propietarios, la derrama por vivienda oscila entre los 20.000 y 30.000 euros, según comentaron en varias comunidades de propietarios del Ensanche. Ese desembolso puede incrementarse más si la obra incluye el cambio de ventanas y el arreglo de los tejados.
Una de las últimas líneas de ayuda es el Fondo Europeo NextGeneration, que cubre entre el 40 y 80 % de la actuación, según el ahorro energético, los recursos del solicitante y el coste de la obra. La subvención no llega a los demandantes hasta que los trabajos están terminados, por lo que los propietarios deben adelantar el presupuesto. En las comunidades explican que la opción más frecuente pasa por aportaciones mensuales durante un período más o menos largo, para tener un fondo para emergencias. Este ahorro está siendo utilizado para aliviar el desembolso hasta que se recibe, si llega, la ayuda. En algunos casos, las obras se afrontan sin depender de subvenciones. Otra opción es la del crédito bancario, que solicita cada propietario con condiciones negociadas en grupo, para pagar la obra y cancelarlo con la ayuda.
Mejoras necesarias y urgentes
El lavado de cara de los viejos edificios del Ensanche es algo no solo necesario, sino urgente en muchos casos. Aunque no sería correcto generalizar, la realidad es los años pesan, y mucho, en los revestimientos de las fachadas de edificios construidos a toda velocidad en los años del bum urbanístico de los 70 y 80 del siglo pasado. Prueba de la urgencia son los cascotes que, con demasiada frecuencia, caen a la vía pública cuando el viento sopla por encima de lo que sería normal. Sin duda, las comunidades serían más felices si los trámites administrativos fueran más ágiles.
«A remodelación das rúas non acaba de chegar ás da periferia da cidade»
Además de la rehabilitación de los edificios que promueven las comunidades de propietarios, los vecinos echan en falta un plan de movilidad pensado para todo el Ensanche. «As solucións chegan de forma individual, por rúas, cando debería ser un plan global en clave de cidade», apunta Xosé María Durán, presidente de la Asociación de Veciños Raigame.
En el Ensanche se remodelaron calles concretas, «pero isto non acaba de chegar ás rúas da periferia, onde é moi necesario». Siguen pendientes calles como Santiago de Chile, «que ten un tráfico de paso, de condutores que evitan así os semáforos de Romero Donallo», y de otras como República Arxentina, Doutor Teixeiro y Rosalía de Castro.