El tráfico, el bum turístico y el descontrol de los VTC agravan la crisis del taxi en Santiago
SANTIAGO
El sector tradicional, amenazado por la picaresca de las nuevas plataformas, reconoce que el servicio es mejorable y exige un plan de movilidad: «Ya hay más coches negros que blancos»
06 nov 2025 . Actualizado a las 21:17 h.El problema del taxi en Santiago es de esos que tienen la suficiente complejidad como para no soportar una solución populista ni se arreglan con un golpe de barra de bar. Pero como en todo conflicto hay hechos objetivos que ayudan a entender la dimensión de la crisis.
CRECIMIENTO
Muchos más usuarios. Santiago cuenta con 144 licencias de taxi, una cifra que se ampliará en 29 a lo largo del 2026. Es la misma cantidad de unidades que estaban habilitadas en 1998, cuando en Santiago había 93.500 vecinos censados —hoy rondan los 100.000—, y, lo que es más importante, en dos municipios metropolitanos como Ames y Teo, donde también hay potenciales usuarios, vivían 20.000 personas menos. Pero hay cifras más abismales. En el cambio de siglo, el aeropuerto de Lavacolla movía 1,2 millones de viajeros; el año pasado fueron tres veces más. Hoy la estación de tren y autobuses, unidas, suman más de seis millones de pasajeros al año. Y el contraste más espectacular: en 1998 consiguieron la compostela poco más de 35.000 peregrinos. El pasado lunes se celebró la llegada del caminante 500.000, con dos meses y medio por delante para romper el récord histórico. Y de 2.300 plazas hoteleras se ha pasado a 8.000, oportunamente repartidas por decenas de establecimientos que demandan taxis cada día.
TEMPORADA ALTA Y LARGA
De marzo a octubre. El incremento demográfico tiene un impacto relativo y proporcionado. Lo que más afecta, aseguran los profesionales, es la extensión de la temporada alta turística, que ahora comienza en Semana Santa y llega con vigor hasta el puente de octubre. La presencia constante de visitantes y peregrinos, grandes demandantes del servicio se centraba en los meses de verano, cuando la actividad ordinaria de la ciudad disminuía. Ahora se solapan los usuarios de proximidad, los turistas y peregrinos y los congresos profesionales.
Tráfico
Restricciones y lentitud. Entramos en el terreno de la subjetividad. El tráfico en Santiago hace 25 años no era mucho menos fluido que ahora. Entonces la capital gallega presumía de tener una de las flotas de taxis con mejores coches de España, con unidades premium que hoy escasean. «Ahora entrar y salir del casco histórico para recoger a un cliente en un hotel te puede llevar 45 minutos», denuncia Manuel Sánchez, presidente del colectivo Radio Taxi de una ciudad en la que es complicado desplazarse por zonas peatonales y por vías sobrecargadas. «Es más rápido cruzar O Hórreo y Virxe da Cerca de rodillas que en coche», exagera el representante del sector para justificar que muchos compañeros prefieran hacer servicios sin entrar en el casco urbano, donde no existen carriles específicos para privilegiar sus movimientos, como en otras ciudades. El sector sostiene que la actual configuración urbana no ayuda a los desplazamientos, y que la red del autobús tampoco cubre con eficacia desplazamientos entre zonas muy demandadas como pueden ser los hospitales o los grandes centros de trabajo.
Costes
Costes y personal. Como cualquier otro ciudadano, el sector del taxi sufre las subidas de precios de los automóviles, la falta de piezas y recambios, las idas y venidas de los combustibles y las dolorosas cuentas del taller o de los seguros, que se han disparado. Pero, además, el aumento de los costes laborales también ha afectado a la contratación de conductores que optimicen las horas de servicio. En muchos casos, solo compensa salir a trabajar si uno se mueve y factura. Pasar tiempo en la parada, con las escenas típicas de antaño de los compañeros jugando a las cartas sobre un capó, solo trae pérdidas, denuncian.
Competencia
Regularizar o liberalizar. Una indignación parecida a la que sienten los usuarios de taxi cuando se quedan colgados esperando en paradas la padecen los profesionales del volante cuando ven vehículos con matrículas azules y chóferes pertenecientes a plataformas, los llamados VTC. «Ya hay más coches negros que blancos», asegura Sánchez, que hace números. No es exactamente así, porque en Santiago están operando unos 120 vehículos. «Pero pueden ser 400 si no se controlan y seguimos a lo loco», insiste, para reconocer que el servicio en Compostela es mejorable. El sector lamenta que ellos tengan que regular precios que aprueban el Concello y la Xunta y someterse a una estricta normativa que, a su juicio, no tienen los VTC. De forma adicional, los clásicos del sector tienen localizados a coches de una empresa asentada en A Coruña que vienen a hacer servicios los fines de semana a Santiago cuando hay trabajo. Son 14 coches blancos mayoritariamente de las marcas Tesla y Polestar, identifican.
MOVIlIZACIONES
El 29, en Santiago. El próximo miércoles no faltarán taxis en Santiago. La capital gallega tiene sus problemas propios, pero comparte con otras ciudades el problema de la irrupción de los VTC, de ahí que el colectivo de Vigo haya convocado una movilización para protestar por la situación que están viviendo. Recibirán apoyo de compañeros de otras urbes, y está previsto que hagan un recorrido desde el polígono del Tambre hasta la sede de la Xunta.
Las 29 licencias aprobadas en enero no llegarán a tiempo para el próximo verano
Sin ser del todo evidente que el aumento de licencias vaya a solucionar las deficiencias actuales del servicio, lo cierto es que la lentitud burocrática tampoco está ayudando. El problema del taxi se veía venir desde hace años, cuando en semanas puntuales con congresos, eventos multitudinarios y hoteles llenos se hacía muy complicado parar un coche con la luz verde encendida. El gobierno local justificó la petición a la Xunta de nuevas licencias alegando el crecimiento de la población censada y la creciente incidencia del turismo. El Ejecutivo autonómico reaccionó en enero de este año y concedió la primera ampliación del parque automovilístico público, congelada desde 1998, dando el visto bueno a 29 nuevas licencias.
En estos casos, comienzan una serie de trámites que, en condiciones normales, podrían resolverse en cuestión de semanas, unos pocos meses a lo sumo, pero algo se atascó en Raxoi para que no se remitiese la memoria preceptiva para adjudicar nuevos títulos habilitantes hasta el mes de septiembre. La Xunta respondió en el mismo día de la recepción —el 1 de octubre— y lo hizo de forma favorable, aunque hay pendientes correcciones que, una vez solventadas, permitirán la convocatoria del concurso para la adjudicación.
No será este año
La alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín, ya avanzó el mes pasado que la ampliación de la flota de taxis «levará un tempo», pero con seguridad ya no será este año. Cuando estén adjudicados vendrá otro problema, porque lo más probable es que muchas o incluso todas las licencias sean de taxis adaptados.
La demora se trasladará entonces del ámbito administrativo al privado, porque esos adjudicatarios tendrán que adquirir los vehículos nuevos, y ahí hay otra crisis de categoría mundial que tiene que ver con la fabricación de vehículos. En algunas casas de automoción hay plazos que se mueven entre los tres y los seis meses para entregar las unidades de serie. Después quedará hacer los trabajos de adaptación para facilitar la entrada al vehículo a personas con movilidad reducida, una misión complicada con el nivel de ocupación que tienen los talleres y la dificultad de los trabajos, que deben homologarse. Pensar en que todo este proceso esté resuelto antes de la temporada alta del 2026 es muy aventurado.
Los hoteles ya dejan mensajes a sus huéspedes para advertirles de los problemas con los taxis
«En casos excepcionales, cuando están desesperados, los subo al aeropuerto. ¿Quién no empatiza?», explica Javier Torreiro
marga Mosteiro
Carteles en las recepciones, mensajes en las habitaciones, llamadas la noche anterior al día de salida y avisos de palabra al registrarse. Así avisan a los huéspedes en los hoteles de Santiago sobre los problemas que pueden tener si dependen de un taxi para desplazarse por la ciudad o para subir a Lavacolla. «Solo es posible reservar un taxi si es para ir al aeropuerto. Para lo demás, hay que tener suerte», asegura Javier Torreiro, responsable del hotel Rúa Villar. «Incluso en el correo de confirmación de la reserva también se les explica la situación. Somos muchos los que advertimos a los clientes, porque la cara la ponemos nosotros», apostilla.
Carlos Regueiro, del hotel San Lorenzo, se pregunta: «¿Dónde están los taxis? Son más de un centenar. ¿Cómo puede ser que a mediodía de un día cualquiera pueda no haber ninguno disponible?». Regueiro advierte que «solo de forma excepcional se puede conseguir un taxi en pocos minutos, pero es muy raro». Subraya que, en alguna ocasión, «ante la posibilidad de perder el vuelo, terminamos llevando a clientes al aeropuerto. Es que, ante casos reales, tienes que ser empático», apunta Regueiro. En el hotel San Lorenzo indican que les piden a sus clientes «que dejen sus quejas en la web del Concello. Pero, al final, terminan en nuestras referencias», lamenta.
Cuando no siguen los consejos de los hoteleros, los turistas tienen una espera media de 45 minutos hasta que un taxi llega al alojamiento. «Llamas y puedes estar colgado 10 o 15 minutos hasta que alguien responde para decirte que no hay taxis disponibles. Insistes e insistes, de media puedes tardar 45 minutos en lograr un taxi. Y eso si lo logras», resalta Javier Torreiro.
Esta misma semana, en el hotel Rúa Villar se vieron con la situación de que 35 de sus huéspedes salían el mismo día. «Dieciocho se van en avión, dos en coche y el resto, en bus o en tren. Los primeros reservaron, pagando por cierto 3 euros más. Y los de la intermodal fueron a pie. Cuando van con maletas grandes, les vendo la moto de que es cuesta abajo y está cerca», ironiza Torreiro. Confiesa que, en alguna ocasión, «de forma excepcional, los subimos al aeropuerto. ¿Quién no empatiza? ¿Qué haces, si están desesperados? En alguna ocasión veo pasar un taxi por la calle y lo paro y suplico». Advierte que el problema «no es solo que mis huéspedes no puedan moverse, es que tampoco puede ir una persona al hospital o subir a un taller al Tambre a recoger el coche, ni un congresista bajar a comer a un restaurante. Todos perdemos. Quieren turismo de calidad, pero sin servicios de calidad», denuncia. Cree que con los VTC «mejoraría la imagen de la ciudad. Los hay en la mayoría».
En el hotel Los Abetos tienen medianamente solucionado el problema. «Tenemos un microbús que, en temporada baja, tiene cuatro o cinco horarios, y en alta funciona como lanzadera entre el hotel y la Praza de Galicia», detalla Manuela Hermo.
José Liñares formula una pregunta clave sobre este problema: «¿Qué pasó entre el 2019 y el 2022 para que, de repente, sea tan grave?». El hotelero pone el foco en la pérdida del bus directo al aeropuerto. «Para los taxistas son más rentables unas carreras que otras. Entiendo que prefieran ir al aeropuerto que de Costa Vella a la intermodal». Aunque no culpa al sector, cree que administración y asociaciones de taxis «deben sentarse a solucionar un problema que perjudica a la ciudad».
Ana Trevisani: «Suspendemos en movilidad para captar eventos»
m. m.
Ana Trevisani, presidenta de la Asociación de Organizadores profesionales de Congresos, apunta que, si bien admite desconocer «los detalles de cómo funciona la concesión de licencias y puesta en marcha de taxis», la realidad es que «Santiago precisa más taxis. No solo para atender a los turistas y congresistas, sino también para sus ciudadanos». Sostiene que el «número de taxis puede cumplir la ratio por población, pero Santiago, como destino de turismo de congresos, tiene un número insuficiente. O quizás el problema está en que los taxis tienen que hacer, al menos, dos horarios completos. Ya no digo que estén todo el día rodando, pero sí que haya dos turnos. Requiere de tres conductores para cubrir días libres, pero la realidad es que la falta de taxis está haciendo daño a la ciudad y se pone en riesgo conseguir ciertos congresos», alerta. En su opinión, es posible que «no les interese, me pierdo en los datos, pero las consecuencia es que no tenemos servicio».
Trevisani sentencia que «parece que tenemos clara la situación, pero fallamos en la solución». Apunta que, a la hora de defender la candidatura de Santiago para acoger un determinado congreso, «hay muchos factores que se valoran, pero hay cuatro asuntos que son primordiales. Nosotros suspendemos en dos de esos cuatro aspectos troncales». Se supera en el valor de sede, «tenemos capacidad para 500, para 1.000 personas o para más. Y tenemos capacidad hotelera. Pero pinchamos en conexiones aéreas y suspendemos en movilidad interior. Esto es muy grave». «La falta de taxi me afecta como ciudadana si tengo que ir al hospital, pero también afecta a las posibilidades de captar turismo sostenible como el de congresos», resuelve Trevisani.
Recuerda que «un congresista gasta 40 euros más que un turista vacacional, y no atenta contra el patrimonio, ni grita por la noche. Valora el destino y es un futuro turista vacacional con un poder adquisitivo alto», explica. La presidenta de la entidad cree que es tiempo de dejar atrás las quejas y asumir que «si queremos turismo de calidad, tenemos que dar servicios de calidad».