Cumio, un sueño hecho realidad a base de renuncias: «Vivo de alquiler, pero tengo mi clínica dental»

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Yesica Domínguez (en la foto, a la derecha), junto a su mano derecha en la recepción y administración de su clínica dental, Lidia (izquierda). El nombre de Cumio, explica la fundadora, alude a los dos primeros dientes de los bebés «que nacen con dos piquitos, como los de dos montañas o cumios», y se ha concebido como un negocio moderno tanto a nivel estético como en cuanto a los servicios que da.
Yesica Domínguez (en la foto, a la derecha), junto a su mano derecha en la recepción y administración de su clínica dental, Lidia (izquierda). El nombre de Cumio, explica la fundadora, alude a los dos primeros dientes de los bebés «que nacen con dos piquitos, como los de dos montañas o cumios», y se ha concebido como un negocio moderno tanto a nivel estético como en cuanto a los servicios que da. Sandra Alonso

La compostelana Yesica Domínguez Tojo, de 32 años, siempre tuvo claro que quería emprender y alcanzó esta meta hace apenas seis meses

05 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

«Por mucho que nos quieran vender que emprender es algo súper bonito, en realidad es una incertidumbre constante y da mucho miedo. Para dar el paso tienes que hacer un desembolso muy grande y renuncias a otras cosas por seguir el camino que quieres... como a una casa propia. Yo vivo de alquiler, pero tengo mi clínica dental», dice con voz ilusionada Yesica Domínguez Tojo. Esta santiaguesa de 32 años siempre tuvo claro que quería dirigir su propio negocio: «Al final, supone poder trabajar para ti misma y, sobre todo en mi sector, atender a los pacientes como a ti te gusta. Tiene una parte muy gratificante y es lo que acaba pesando, por encima de todo».

Criada en el barrio de Sar, recuerda que su abuelo y su padre —dedicados al área de la construcción— le inculcaron su espíritu emprendedor. «Yo sabía que quería hacer una carrera sanitaria y podría haber sido perfectamente Veterinaria, porque me encantan los animales, pero acabé realizando el ciclo de Prótesis Dental. A partir de ahí encaminé toda mi carrera por la rama de la odontología. Me fui a estudiar a Valencia y, cuando se acabó la etapa universitaria, hice un máster de Medicina Oral en la USC. Estuve trabajando en alguna clínica, pero la idea de montar la mía propia siempre estuvo ahí. Era algo que ya comentaba a mis compañeras de promoción», destaca. El sueño se fue cocinando «a fuego lento», dice Yesica, para tener unos cimientos sólidos sobre los que construir Cumio, que abría finalmente sus puertas hace seis meses (en septiembre del año pasado) en su ciudad natal.

El proyecto de decoración de Cumio tuvo bastante protagonismo desde su concepción, dice Yesica: «No quería la típica clínica blanca y azul, de aspecto frío, sino salir de los estándares y apostar por colores mucho más cálidos, pensando bien los puntos de luz para que el paciente esté cómodo, en un ambiente agradable. Además, predominan las formas redondas, desde la propia recepción hasta los interruptores o el final del pasillo»
El proyecto de decoración de Cumio tuvo bastante protagonismo desde su concepción, dice Yesica: «No quería la típica clínica blanca y azul, de aspecto frío, sino salir de los estándares y apostar por colores mucho más cálidos, pensando bien los puntos de luz para que el paciente esté cómodo, en un ambiente agradable. Además, predominan las formas redondas, desde la propia recepción hasta los interruptores o el final del pasillo»

«Mi padre, Vicente, fue una parte fundamental para que exista esta clínica. Desde su experiencia como empresario, me asesoró en todo y me ayudó a la hora de tomar decisiones acerca del local sobre construcción, en su diseño e incluso en el trato con los profesionales», destaca su única hija, una joven decidida, a la que le apasionan la lectura y viajar —si puede, une ambas cosas haciendo una ruta de libros por Nueva York o el destino que toque—.

En Cumio, emplazado en la rúa da Estrada, cubren todas las especialidades (incluida la odontología estética, ortodoncia invisible e implantología), desde los primeros años de vida hasta la senectud. «Intentamos practicar un modelo de odontología slow. Preferimos la calidad que la cantidad. Damos una primera visita de 45 minutos para valorar no solo el estado de los dientes sino de toda la boca, incluida la articulación de la mandíbula, las mucosas... Es muy importante para mí dar una atención personalizada y escuchar mucho al paciente para cubrir sus necesidades de la mejor forma posible. Trato cada boca como si fuera la mía, o la de mis padres. Esto no es un súper de la odontología en el que lo único que importa es hacer caja. Aquí no te vamos a sobretratar y nos esforzamos para que el que se vaya por la puerta lo haga sin haber tenido dolor. Muchos vienen con traumas del pasado, por su paso por otros dentistas hace tiempo, y queremos demostrar que lo de venir al dentista a sufrir ha pasado a la historia, hacerlo en un entorno agradable y con la tecnología más moderna».

«Apostamos por las últimas tecnologías porque es algo imprescindible. Si abres una clínica nueva no puedes quedarte atrás y los pacientes cada vez vienen más informados. Tenemos TAC para hacer radiografías en 3D y planificar con él las cirugías, implantes y las ortodoncias invisibles. También tenemos escáner intraoral. Y, al margen de eso, hacemos especial hincapié en la prevención: en las técnicas de cepillado, en explicar bien cómo utilizar los interdentales...».

En cuanto a la acogida, dice Yes, «ha sido muy buena y estamos muy contentas porque la mayor parte de los pacientes son del barrio. No estamos muy lejos de dónde crecí y esta zona en concreto está creciendo un montón, con la construcción de nuevas viviendas. Hay muchas familias de gente joven y nos pareció un sitio interesante para empezar».