La resistencia de la arteria más comercial del casco histórico de Santiago
SANTIAGO
En las rúas Orfas, Caldeirería y Preguntoiro funcionan 95 establecimientos, aunque uno anuncia que liquida por jubilación, y 31 locales están cerrados
05 feb 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Hubo una época en la que la arteria que forman las rúas Orfas, Caldeirería y Preguntoiro era la zona comercial más activa del casco histórico de Santiago. Era un momento en el que en los bajos de todos sus edificios había negocios pensados para atraer a clientes no solo de Compostela, sino también de las parroquias rurales y de los municipios próximos. Pero esa imagen cada vez tiene menos que ver con la actualidad y más con la nostalgia. Ahora, cuando cierra un negocio en esas rúas hay muchas posibilidades de que, si lo ocupa uno nuevo, corresponda a un sector de actividad más orientado al turista que a las necesidades comerciales de los compostelanos.
Un recorrido por estas calles con libreta en mano arroja un dato preocupante. Las tres suman 95 bajos comerciales con negocios en activo; entre ellos, uno que anuncia un cierre inminente por jubilación. Además, 31 locales están cerrados. La calle con más bajos sin actividad es Caldeirería, que tiene 14; seguida del Preguntoiro, con 11; y de Orfas, con 6. La mayoría de los cierres acumulan ya muchos años de antigüedad, aunque también hay negocios que se han incorporado a la lista de bajas este mismo año. Las de El Colmado y la zapatería Valiño, ambos en el Preguntoiro, han sido las despedidas más recientes calle, junto a la zapatería Milanette, que cerró el pasado año. Especialmente llamativo fue el fin de actividad de una de las farmacias de Caldeirería, Y no menos sorpresivo resultó el adiós definitivo de calzados Seijas. La artería comercial del casco histórico tampoco fue ajena a la reestructuración bancaria, y hace unos años cerró uno banco en Preguntoiro. Su bajo sigue vacío.
Pero también en los negocios orientados al turismo hubo cierres vinculados al parón por la pandemia. En Caldeirería cerró un establecimiento de alimentación norteamericana, y en el Preguntoiro, otro de recuerdos. Hasta el sector hostelero se resiente en Caldeirería, con dos cafeterías cerradas en los últimos dos años.
Nuevas iniciativas
Pese a la suspensión de numerosas actividades comerciales en estos últimos años, la arteria con más dinamismo comercial de la zona monumental de Santiago sigue siendo atractiva para emprender nuevos negocios. Uno de los más recientes es un comercio de camisetas y bolsos que abrió en el local que ocupó, hasta hace unos años, la emblemática papelería Compostela. Otra nueva iniciativa se ha instalado en el bajo de los antiguos almacenes Garabal, que llevaba años cerrado y donde se inauguró hace unos meses la galería Patio de Luz, donde ofrecen desde antigüedades hasta exposiciones artísticas y un espacio multiusos para que los artistas puedan desarrollar sus creaciones. Además, una sombrerería vino a ocupar recientemente el bajo que dejó libre el estanco de Orfas y, después de superar una serie de escollos administrativos, finalmente el local de Chocolates Raposo acoge el gastrobar Cacao.
Junto a los establecimientos que han abierto recientemente, en estas tres calles también se ven movimientos de obras que indican que en varios locales podrían volver a florecer próximamente otros negocios. Es el caso de la tienda de moda Nenos, que cerró por jubilación el pasado año, y en cuyo local se están ejecutando obras de acondicionamiento. Lo mismo ocurre con La otra Tita, cerrado temporalmente, y pendiente de la contratación de personal para que pueda retomar su actividad. Por último, los trabajos de restauración y acondicionamiento del histórico café Derby se reactivaron en las últimas semanas, lo que invita a pensar en que la inauguración de la cervecería está más próxima.
38
Preguntoiro
Hay actividad en 27 bajos comerciales y están cerrados 11
32
Orfas
En 26 locales hay actividad, y otros seis están cerrados
57
Caldeirería
En 43 locales hay negocios activos, y son 14 los cerrados
«El comercio local no puede vivir solo de Semana Santa a septiembre»
José Antonio Seijas cerró hace unos meses la zapatería que tenía en la rúa Caldeirería, y lo hizo porque «no puedes poner en riesgo toda la empresa por un local». Seijas considera que el casco histórico «es un sitio bonito para pasear y, en principio, tiene las condiciones para que funcione el comercio. Pero no es así». El comerciante considera que la zona vieja depende, cada vez más, del turismo, «y el comercio tradicional no puede vivir solo de los ingresos de Semana Santa a septiembre». Sostiene que, para que sea viable un establecimiento no vinculado al turismo, «es necesario que viva gente en el casco histórico, pero cada vez hay menos. No tiene vida propia», lamenta.
Esta situación, unida a los elevados precios de los alquileres, complica la supervivencia del sector. «Muchos locales ni se ponen en alquiler, porque son de propietarios que no necesitan el dinero de estos alquileres y prefieren tenerlos cerrados. No es lógico, porque generan gastos, pero es su decisión», constata.
«Estudiamos la zona y el resultado está siendo mejor de lo esperado»
Hace casi un año, Cristina Bouzas y Diego Pombo pusieron en marcha su negocio. «Está en auge, porque cada vez más las personas buscan productos naturales», explican. Cristina reconoce que «el CBD (cannabidiol) está muy aceptado y que cada vez más personas recurren a estos productos. En Madrid y Barcelona están en alza, y aquí, para sorpresa, el resultado está siendo mejor del esperado».
A la hora de buscar el local para poner en marcha su establecimiento, Cristina y Diego tenían claro que «debía ser una calle con mucho transito de gente. Caldeirería era perfecta, y fuimos a por este local cuando quedó libre», indican. Su ubicación en el casco histórico también fue determinante, «porque el turista era un cliente potencial importante. Estos productos son mucho más caros en cualquier país europeo. Además, los compostelanos se están sumando a esta opción. Cuando ven los resultados, vuelven. El local está creciendo de forma progresiva. No pensábamos que fuera así», confiesan.