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Gestión, gestión

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

09 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Cifras aparte, la negociación presupuestaria de cualquier administración donde el partido al mando no tiene mayoría absoluta está rodeada de morbo político, y más si las elecciones empiezan a asomar en el horizonte. Después del golpe de autoridad que Bugallo dio el año pasado al vincular el presupuesto a una cuestión de confianza, las aguas bajan calmas ahora y los 130 millones de este 2022 saldrán adelante sin obstáculos con el apoyo —en rigor, con la abstención— de Compostela Aberta, que se perfila como la pareja de baile del PSdeG, invitada por una parte del grupo de gobierno más escorada a la izquierda que al centro y que barrunta este binomio como inevitable, ante las improbables mayorías absolutas, como lo fue a partir de 1995 la alianza con el BNG. La negociación presupuestaria del próximo año será muy diferente, con las urnas a la puerta, y no saldremos de dudas hasta después de las municipales. Mientras tanto, ¿Marta Lois no se les va pareciendo cada vez más a Encarna Otero? Pero no es el morbo político lo importante de los presupuestos. Lo trascendente, porque es lo que da crédito a la administración más próxima a la calle, está en el ejercicio anterior y no en el nuevo: en la ejecución de las cuentas, negociadas tan arduamente que pareciera que aprobarlas sea el fin en sí mismo. El Concello de Santiago incumple con perseverancia: en el balance de septiembre del 2021, ni siquiera el 10 % de las inversiones reales estaba ejecutado, y apenas el 36 % de todo el presupuesto de gastos. Hay un gravísimo problema de gestión en el Pazo de Raxoi, que viene de lejos y ha ido a peor. La burocracia ineficiente no es excusa, tampoco el covid, y el gobierno tendrá que rendir cuentas. Porque de la ideología no se vive.