Enquistados

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

06 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La nueva ley en ciernes puede ser el principio del fin del pitorreo de las universidades españolas. Sin más control serio que el autocontrol de cada departamento, sin que circule el aire porque en el fondo el sistema de selección de profesorado es una cooptación camuflada de oposición, con la endogamia como característica, con un sistema funcionarial que permite -no, no todos lo hacen, pero permite- tener una mano aquí y otra allá, aquí no se puede fichar por las buenas a un catedrático aunque sea premio Nobel. En Santiago como en Murcia. Y con las empresas fuera de la universidad, mientras en otros países tienen oficinas justo dentro, físicamente, para seguir a los mejores alumnos y contratarlos.

Porque en este país somos tan democráticos -¡mucho más que los ingleses o daneses!- que ni al rector se puede contratar ni en Santiago ni en ninguna parte, ni que venga con un equipo formidable y un soporte económico de quitar el hipo. Y no solo eso, sino que para ser rector tiene lugar una votación en la que participa directa o indirectamente hasta el último recién llegado, viva el vino y la democracia. Y mucho me temo que cada uno sabe de lo suyo, y si yo tengo que votar para gerente del Sergas (o de área sanitaria) no tengo un criterio sólido si soy camillero, sea dicho con todos los respetos.

País de mezcla de churras con merinas, donde todo el mundo sabe de todo, donde los indocumentados diseñan caminos de Santiago por donde les place, donde se confunde libertad de expresión con que todas las opiniones valgan lo mismo, donde hay ciudadanos (¡y ciudadanas!) que juran que el lenguaje crea la realidad, cualquier cosa es posible aquí. Hasta en nuestra enquistada universidad.