Tentar la suerte


Gracias a Dios, hubo mucha suerte». Esto dijo el gerente del céntrico gimnasio de Vigo sobre cuya pista de pádel se desplomó el pasado jueves un edificio ruinoso y tras cuyos propietarios estaba el Concello desde hacía diez años para que tomasen las medidas oportunas. «Gracias a Dios, hubo mucha suerte» es lo que pudo decir cualquier compostelano transeúnte habitual de la calle del Pombal el 22 de noviembre del 2019, y lo que pudo repetir este viernes, en ambos casos por sendos desprendimientos del talud que recorre esa vía de intenso tráfico rodado y peatonal. Y hay que preguntarse: ¿Habrá una tercera vez? Y si la hay, ¿volverá a repetirse esa «mucha suerte»? Ya es lamentable que quince meses después del primer incidente -recuérdese, una roca de once toneladas que tuvo la consideración de rodar del talud de la Alameda a la calle de madrugada, cuando no pasaba nadie por allí-, sigamos no ya igual, sino peor. Peor porque, aunque con menos aparatosidad pero igual peligro, volvió a ocurrir, de madrugada también. Mucho peor, porque después de tanto tiempo y tanto riesgo transcurrido se constata que aquí cada uno va a lo suyo sin mirar por el bien común. El Concello vio la oportunidad para que el talud no solo se acondicionara garantizando la seguridad, sino para mejorar la zona extendiendo a toda la calle el muro de piedra que ya hay en la parte superior y habilitando una oportuna escalinata para acceder al paseo da Ferradura. Tan sencillo como repartir costes: los propietarios de los terrenos pagando su responsabilidad para que el talud sea seguro y el Concello todo lo que va a mayores. Pero, claro, aquí la lógica y la responsabilidad es lo de menos. Hasta que vuelva a ocurrir y aplaste a alguien. Frustrante.

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