Pedro Suárez

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

01 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Antes las esquelas iban acompañadas de foto. No en todos los periódicos, pero sí en muchos. La razón estaba clara: el analfabetismo era mal colectivo, y solo viendo la foto uno podía decir «¡Anda, morreu Manolo o do Prado!». Ahora un par de diarios han intentado recuperar aquella costumbre.

Pero con foto o sin ella, la esquela, la «papeleta» como se llamó también, era la única referencia para saber que Manolo o do Prado no solo había fallecido, sino que también había vivido. Los periódicos, antes y ahora, solo daban necrológicas en el caso de personajes públicos, fuese Lola Flores o Chamoso Lamas, el excavador de la Catedral compostelana. A ellos hay que sumarles los que pierden la vida de manera sorprendente, y entonces el chico o la mujer dejan de ser anónimos para pasar al papel, porque los han matado, o han fracasado en una hazaña.

Del resto de la gente, ni una línea. Nacen, trabajan, viven y mueren. Lo de todos, vaya. Permanecerán en la memoria de sus familiares, y en unas pocas generaciones se habrá olvidado hasta su nombre.