Doctores del toque en Riazor

Rubén de la Barrera y Yago Iglesias, jóvenes técnicos gallegos que comparten una forma de interpretar el fútbol, prometen un derbi atractivo pese a las urgencias


redacción / la voz

Cuando Renault lanzó aquella campaña que serviría para rebautizar a una generación, Yago Iglesias estrenaba la ESO y Rubén de la Barrera aún visitaba de la mano de su abuela el palco de Riazor. Estaban lejos de ser los jóvenes aunque sobradamente preparados que enfrenta este derbi, 25 años después de que asomara el primer JASP.

«Hay que tener muy en cuenta la fuerza de la gente que estamos llegando, y me meto en el paquete. Siendo profesor de la escuela de entrenadores, veo a todas las hornadas que vienen, o la gran mayoría. Puedo ser termómetro de lo que piensan los nuevos. Se respiran ganas, ilusión, ideas renovadas», resumía el míster del Compostela acerca del patrón que seguirá este duelo en los banquillos entre dos técnicos gallegos de modelo similar. Competidores dentro de un grupo donde los nacidos en la década de los ochenta abundan en la dirección, ellos comparten además una apuesta por el fútbol combinativo y la recalcan en este intercambio de elogios, a modo de banderín.

«Apuesta por tener el balón e imprimir un alto ritmo de juego. Si quieres ser un equipo que domine al rival con balón tienes que mantener ese ritmo. Hay un falso mito que dice que el Barça de Guardiola o la selección del tiquitaca no tenían que correr. Las estadísticas dicen que esos futbolistas corren más que otros que están replegaditos y salen al contraataque», reflexionaba Yago Iglesias acerca de la propuesta de Rubén de la Barrera, a quien considera «un referente».

«Ya tiene una experiencia y un bagaje importante. De mí, sé lo que hago aquí, el camino que he recorrido hasta llegar aquí. Soy un entrenador que viene de abajo, he pasado por todas las categorías del fútbol aficionado y del fútbol base», subrayaba el entrenador del Compos.

De lo que hace el ribeirense habla (muy bien) su adversario coruñés: «Llevan tiempo juntos, con el mismo entrenador y una identidad clara. Lo han trasladado de Tercera a Segunda B y da gusto verlos jugar».

El duelo promete, pese a la diferencia en cuestiones clave como los presupuestos -trece millones el de los locales, 900.000 euros el de los visitantes-, el pasado inmediato -hace seis meses les separaban dos categorías-, el caché de los jugadores, o los cuatro puntos y cuatro puestos que median en la tabla. Les une el paso reciente por la topera del Helmántico, y la afición al toque, mucho más apropiado para el césped de Riazor.

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