Al jefe, carbón


Aquí no se libra nadie. Al que asoma la cabeza, estopa. Lo decía hace un par de domingos en la revista El Semanal, que se reparte conjuntamente con este periódico, el analista jefe del Instituto de la Felicidad, radicado en Copenhague: «En España estamos luchando los unos con los otros continuamente. No buscando soluciones, sino viendo a ver a quién le echamos la culpa del bando rival».

Así que se llame usted Fernando Simón, Núñez Feijoo, Salvador Illa o Paco Muíños -es un ejemplo, perdón si he acertado-, en cuanto diga buenos días alguien desenfunda una red social y le dice que no tiene ni idea, a lo cual alguien replicará que es usted un redomado impresentable y además, muy ignorante. ¿Va a saber más el conselleiro de Sanidade que el vecino? ¿La ministra de Asuntos Exteriores hablando de Gibraltar que su primo? ¡Por favor, dónde vamos a parar con estos políticos! Estos… u otros. Porque del rey abajo ninguno, y como el emérito salió como salió, el alcalde de mi pueblo es un ladrón.

La penúltima es que los Reyes Magos adelantaron su llegada al CHUS para llevar carbón a la dirección del hospital. Porque en la dirección no solo son ineptos sino que hacen lo que hacen por incapacidad mental, vagancia confirmada y para, ya de paso, fastidiar a alguien. En este caso, a los trabajadores de la uci, que reclaman «dignidade laboral» pero podrían ser cualesquier otros.

Uno empieza a preguntarse si este país tiene arreglo. Y cuando lee que en Cantabria a la semana de empezar la vacunación llevaban puestas el 5 % de las dosis previstas -el 6 % en Cataluña-, empieza a pensar que esta reencarnación se me está haciendo muy larga. Frase que no es mía, pero que me viene como anillo al dedo.

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