Dará mucho que hablar el proyecto de la Cidade da Saúde de la USC. Y es bueno que así sea, porque pone sobre la mesa una propuesta para una actuación global que no puede demorarse por más tiempo y que debe aportar soluciones, en clave de ciudad y de país, para que la docencia, la investigación y la asistencia sanitaria que distingue a Santiago en Galicia y España, incluso en Europa, puedan mantenerse en vanguardia facilitando unos recursos acordes con los tiempos. Es oportuno, además, porque la capital gallega está muy necesitada de sacudidas que la hagan despertar de sus sueños eternos y crecer. Descartado el plan de la Facultade de Medicina en terrenos del Gil Casares y aledaños -por cierto, aún hoy no bien explicados los desfases económicos de aquel proyecto- no se puede negar la coherencia de la propuesta del rector Antonio López al integrar al lado del Clínico, al otro lado de la avenida Mestre Mateo, en un complejo de Ciencias da Saúde, las hoy decrépitas facultades de Farmacia y Enfermería, junto a la docencia clínica de la de Medicina, posibles centros de investigación y otros usos sanitarios. Tampoco se puede negar la necesidad histórica de reurbanizar el campus y de su integración y mejor aprovechamiento ciudadano. Pero habrá debate, y mucho. Dos ejemplos a vuelapluma: la división de la docencia de Medicina y qué usos podrá tener la mitad del edificio histórico que le sobrará a la USC. ¿Lo seguirá queriendo la Xunta, que en el 2016 había firmado un protocolo para su utilización institucional? ¿Y el párking bajo la Praza do Seminario de Estudos Galegos, le valdrá al comercio del Ensanche, que suspira por uno próximo y barato? Habrá debate, porque hay ideas.