Final de Cociña


La final de la modalidad de Cociña del veterano programa Xuventude Crea, el pasado sábado, adquirió tintes de ejemplo de cómo se pueden hacer buenas cosas y bien, atractivas y que luzcan en plena pandemia.

Esa cita -que se prolongó durante toda la mañana- demostró algo más que buena mano juvenil para los fogones, algo que ya se le suponía a los seis participantes porque precisamente por eso estaban ahí. Pero el acto demostró también que la lógica competencia -a ver quién era el que no quería ganar un premio de varios miles de euros- no está reñida no solo con el buen perder sino con la ética. No se rezumaba egoísmo, no afloraba la envidia, no se vio por ningún lado zancadilla alguna sino incluso en algunos momentos colaboración. Una muestra de que con aciertos y errores aquí hay sitio para todos. Y esa es la base moral de una democracia. Incluso una pareja de la localidad lucense de Muimenta se puso a repartir unas peculiares (y exquisitas, por cierto) filloas mientras esperaban el fallo.

Y por cierto, la ciudadanía compostelana, así en general, debería tomar nota: el certamen tuvo lugar en el aula del mercado, manteniendo la distancia y con mascarillas. Fuera, grandes ventanales por medio, miles de personas se agolpaban para comprar lo que fuera en una jornada normal. Parecía, sin el menor género de dudas, que el covid no ha llegado al mercado. Y no eran turistas, no. Porque a lo que se ve la irresponsabilidad no es exclusiva del nutrido grupo de adolescentes a los que la policía pilló el viernes, juntos y muchos sin mascarilla, en la parte de atrás del Parlamento. Un poco de seriedad, por favor.

¿Y la festiva pareja de Muimenta? Pues se llevó el segundo premio.

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