Suelo para vivir


Si Santiago quiere crecer -viendo el padrón de las últimas décadas parece claro que no le dejan- es necesario poner viviendas en el mercado, bajo el paraguas de la intervención pública y libres para los bolsillos que puedan llegar a ellas. El casco urbano está agotando los últimos polígonos programados hace dos décadas y, más allá de solares aislados, en el horizonte próximo de Raxoi no se divisa aún la movilización de suelo para edificar en el marco de una política de crecimiento ordenado, sino acciones puntuales de corto alcance con venta de suelo de titularidad municipal. La rehabilitación no es la alternativa, sino más bien una urgencia para mantener en pie el muy envejecido sur del Ensanche y otros barrios. Tampoco hacen falta tratamientos de choque como lo fue Fontiñas y antes Vite -¡por favor, no lo repitan en el futuro en A Pulleira!-, sino entornos vivibles a la medida de las personas. Los indicadores del mercado dictan que hay demanda, y no por mucho decirlo se va a conseguir movilizar las viviendas vacías -allá la voluntad de sus dueños- ni el régimen de alquiler frente al de propiedad. Territorio tampoco falta. La opción de crear los instrumentos de gestión necesarios para planificar y engrasar la desquiciante burocracia del ladrillo dirá si hay o no voluntad política de sacar el urbanismo de la parálisis que arrastra.

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