La robótica llega a la rebotica

«Fermín» es un robot que almacena, clasifica y expende medicinas en la farmacia Gutiérrez del Olmo, en O Paxonal; un sistema que revoluciona los dispensarios y que permite una mejor atención al cliente


santiago / la voz

«¿Tú sabes lo que es colocar un pedido de trescientas cajas de medicamentos, una a una?». En la farmacia Gutiérrez del Olmo, en O Paxonal, lo saben muy bien, y ese es el principal motivo por el que su titular, Ramón Gutiérrez del Olmo, se decidió a comprar a Fermín. Desde hace dos años, de las labores logísticas se ocupa un robot bautizado con acierto, porque Fermín se encarga de la intendencia, y desde que forma parte de la plantilla de la botica compostelana, sus ocho trabajadores no tienen que preocuparse de otra cosa más que de atender como es debido a sus clientes, que esa es su principal misión.

Fermín no es un robot de cabeza y piernas, pero se mueve por el almacén de medicamentos a una velocidad supersónica. Se trata de un mecanismo dotado de un complejo software informático que recoge la mercancía, identifica uno por uno los medicamentos, los escanea para calcular sus dimensiones y luego los almacena. «Pero no en un sitio predeterminado, sino que los coloca aleatoriamente», aclara su dueño. No es que Fermín sea desordenado. Es que, cuando desde los mostradores le piden un fármaco en particular, su increíble memoria le permite recordar dónde lo puso, cogerlo y enviarlo a través de unas largas cintas de distribución y un tobogán que lo deja, prácticamente, en la mano del dependiente. Cuando no tiene pedidos, el robot se dedica a clasificar y ordenar su espacio. Es el asistente perfecto.

La robotización de las farmacias ha llegado para quedarse, aunque su implantación es paulatina. Todavía no son mayoría las que optaron por este sistema, pero cada vez son más las que lo instalan, pese a su elevado precio y su costoso mantenimiento. Sobre todo, las que tienen unas características similares a las de la farmacia Gutiérrez del Olmo, con unos almacenes muy amplios que obligan a perder mucho tiempo a los dependientes; primero, colocando la mercancía y luego, buscándola cuando el cliente la solicita. «En mi caso me decidí por tres cuestiones: por el cargador automático, por una razón de orden y por atención al cliente, porque ese tiempo que ganamos se lo dedicamos a ellos».

La suya no es la única farmacia robotizada de Santiago, pero todavía no son muchas. Y no se debe, como se podría pensar, a que la mayoría de las que hay en la ciudad son antiguas, pequeñas y con poco espacio para la colocación del robot. «No, porque hay varias empresas que se dedican a esto y ellos se adaptan al espacio que tienes, cada robot es distinto. Los hay con capacidad para 7.000 o 9.000 referencias y los hay como este, para 23.000 referencias». Y no solo en las farmacias. Si Fermín llama la atención, todavía sorprenden mucho más los sistemas electromecánicos de los laboratorios farmacológicos y centros de distribución de material farmacéutico, con grandes espacios llenos de palés en los que los robots se mueven como pez en el agua.

Una familia de boticarios

Ramón Gutiérrez del Olmo no es un precursor en la materia, pero de casta le viene al galgo. Pertenece a una larga saga de boticarios, lo que le permite valorar cómo han avanzado los tiempos en el sector. «Mi bisabuelo iba en Palencia repartiendo las medicinas a caballo, y yo ahora tengo un robot en mi farmacia», reflexiona. Él es madrileño, pero el amor de una gallega, con la que ya tiene cuatro hijos, lo convirtió en compostelano, y se nota que le gusta.

Cuando llegó Fermín, su dueño no podía sospechar que, dos años después, una pandemia iba a poner a las farmacias en el punto de mira por el papel clave que juegan en una crisis sanitaria sin precedentes. Si echa la vista atrás, recuerda con horror los primeros días del confinamiento, cuando el miedo se había extendido entre la población. «Venían a por mascarillas y no podías darle más que dos. Eso, afortunadamente, ya pasó». No evita los términos bélicos. «Esto es una guerra. Una guerra muy distinta a las que conocíamos, pero una guerra que nos está exterminando como raza, por lo que hay que tomar decisiones excepcionales». Respecto al papel que juegan las farmacias en la crisis sanitaria, echa de menos que las Administraciones no les doten de recursos para ser mas autónomos y ampliar su carta de servicios, como por ejemplo, haciendo test. «Deberían darnos más armas legales para combatir esta pandemia», sostiene.

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