El virus más mortífero


Todo ciudadano que no vive de la política y con el que este observador dialoga estos días por motivos extraprofesionales no tarda dos minutos en echar pestes, por propia iniciativa, no crean, contra el bochornoso espectáculo que nos obsequian unos y otros, y los de más allá, justo cuando la más elemental de las lógicas consustanciales al ser humano (ya no digamos a aquel que rige los destinos de otros seres humanos) exige despojarse de todo ropaje superfluo en la lucha por el bien común. Esta aseveración que debería definir el pan nuestro de cada día de la vida pública -lo admito, es muy inocente-, crece hasta alcanzar un tamaño gigantesco cuando las miserias de la más baja política agranda tragedias como las que nos toca vivir. En España, pongamos que hablo de Madrid, pero no solo. En Estados Unidos, en Brasil, en Inglaterra... El populismo de la peor calaña hace estragos, pero no son sus manipuladores artífices los que acaban engrosando los listados luctuosos -aunque alguno haya estado a punto-, sino sus manipulados más indefensos y desfavorecidos. Cobra más sentido que nunca la pertinaz prédica de Felipe González en el desierto, y salen reforzados aquellos políticos que saben dialogar y buscar consensos a todos los niveles, en la política de estado o de pueblo. En Santiago, suena con un tono de reproche que Feijoo y Bugallo se sienten cómodos cuando hablan de prioridades comunes. Pues claro. ¿Es que tendría que ser de otro modo?

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

El virus más mortífero