No quieren enterarse


Camino una noche de principios de esta semana por el Ensanche de Compostela -no es la madrugada del viernes de desmadre- y paso por debajo de varios balcones abarrotados de jóvenes que, por el jolgorio, doy por supuesto que están de fiesta. El curso universitario no ha comenzado más que sobre el papel. Música a todo trapo y conversaciones a voz en grito de un balcón a otro. Uno sufre cierta sensación de convertirse, en la soledad de la noche, en objetivo de francotirador. Y es verdad que belicismo hay. El Concello, con su brazo armado de la Policía Local, ha desatado una lucha sin cuartel contra los excesos de la movida, más que nunca trasladada a los pisos por el cierre de la hostelería nocturna. La treintena de fiestas desalojadas en la madrugada del viernes, y después de eso otra media docena en la de ayer, confirma que algo no funciona. ¿Y qué decir del famoso pub del Cantón de San Bieito? No quieren enterarse de qué va esto. 113 muertos, a día de ayer, en el área sanitaria de Santiago. O vamos todos a una, o la guerra está perdida. Los de los balcones, que intercambiaban experiencias de sus erasmus por media Europa, que tomen nota de las prohibiciones, focalizadas también en las movidas inconscientes, que están dictando en esa misma media Europa. Y de que ellos también están siendo afectados por la pandemia que no contribuyen a contener, porque caigan enfermos o, simplemente, porque se va al garete el inicio del curso, desbaratando las ilusiones y los planes de multitud de estudiantes. A estas individualidades inconscientes: responsabilidad.

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