Ojo al robo del abrazo con el que un compostelano se quedó sin su Rolex

La ladrona propuso relaciones a su víctima y le besó para distraerlo y llevarse el reloj

La Policía Nacional pudo detener a la ladrona, que fue juzgada y condenada a diez meses de cárcel y a indemnizar a su víctima en el importe en el que se valore el reloj
La Policía Nacional pudo detener a la ladrona, que fue juzgada y condenada a diez meses de cárcel y a indemnizar a su víctima en el importe en el que se valore el reloj

santiago / la voz

El robo del beso o del abrazo, que es como se le conoce en la jerga policial, es todo un clásico y cuenta con ladrones especializados en este sistema, que se basa en distraer a la víctima proponiéndole relaciones sexuales para aprovechar y, con un mero golpe de mano, soltar la correa del reloj, siempre de alta gama, y llevárselo en cuestión de segundos.

Los grupos que se dedican a este tipo de robo rara vez se fijan en un único punto y suelen ser itinerantes para dificultar su localización y detención. En Santiago se han registrado golpes de este tipo y en uno de ellos un compostelano perdió su Rolex de acero y oro de casi 5.000 euros. La ladrona fue detenida, juzgada y condenada a diez meses de prisión y a indemnizar a su víctima en la cantidad en la que se valorará el reloj, una pena que acaba de confirmar la sección sexta de la Audiencia Provincial, que es la que tiene su sede en Santiago y que no ha movido ni una coma de la que en primera instancia dictó el Juzgado de lo Penal número 2 de la ciudad.

Frente a La Salle

El robo se produjo el 7 de julio del 2016, a las 13 horas, en la calle Ramón del Valle Inclán de Santiago, que es la vía que pasa por delante del Museo Galego de Arte Contemporánea y del colegio La Salle. La ladrona abordó a su víctima y primero le dijo estar interesada en trabajar y se ofreció para ello, para inmediatamente después cambiar su propuesta por una de mantener relaciones sexuales a cambio de dinero. El hombre, sorprendido por la extraña situación, rechazó el ofrecimiento, ante lo que la chica le pidió que le dejara darle un beso en la mejilla para despedirse. La treta estaba lanzada y en el adiós ella cogió la mano izquierda del hombre con ambas manos. Cuando las retiró, como si de un prestidigitador se tratara, se había llevado un reloj Rolex modelo Oyster Perpetual de acero y oro y que, aunque ahora mismo está ya fuera de colección, en el 2005 tenía un valor de venta al público de 4.715 euros, cifra que será la referencia a la hora de cuantificar la indemnización.

Reconocimiento por fotografía

El hombre se quedó sin Rolex, aunque al menos tuvo la satisfacción de ver cómo la Policía Nacional lograba identificar y detener a la ladrona. Él la reconoció entre las fotografías que hay en la comisaría de los delincuentes fichados, pero la defensa de la mujer alegó en el recurso que presentó ante la Audiencia compostelana que no era suficiente para señalar a la acusada.

El tribunal provincial, sin embargo, no da la razón a la defensa. En su sentencia, admite que «la prueba de cargo decisiva y fundamental (...) viene constituida por el reconocimiento de la acusada en el acto del juicio y la ratificación en el mismo del reconocimiento fotográfico practicado en sede policial» pero considera que es suficiente debido a que la víctima «expresó contenidos perfectamente coherentes» respecto a la identificación de la acusada y dio «además explicaciones sobre las diferencias de apariencia externa que notaba y precisiones sobre el desarrollo del suceso que hacen estimar plenamente creíble que tuviera una percepción de la autora por el tiempo suficiente para fijar sus rasgos».

El caso de este compostelano que perdió su Rolex es mucho más frecuente de lo que parece pese a lo rocambolesco del truco, uno de los clásicos como el timo del tocomocho. Conviene, por tanto, tener siempre mucho ojo.

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