Existen dos tipos de ciudadanos. También en Santiago y su comarca: los que con muy humano miedo piensan que no hay que hacer nada, que son tiempos de encerrarse y salir lo imprescindible, y los que adoptando todas las medidas de precaución fijadas por las autoridades creen que es el momento de ponerse en modo activo con el fin de salir adelante, sabiendo que, desde luego, va a seguir habiendo bajas por muchas medidas preventivas que se adopten.
Y en estos momentos en los que sale lo peor y lo mejor de cada uno resulta que el sector que engloba al voluntariado de este país ha estado en primera línea. Silencioso, humilde, sin algarabías. Vecino con vecino, pero también desde la Xunta, con un eslogan promovido por la Dirección Xeral de Xuventude que no parece nada malo pero que por desgracia no fue trending topic: «O verán que necesitas».
Algunas cosas que se hicieron bajo ese paraguas serían consideradas normales en otros tiempos, como los campamentos de verano, pero hoy fueron atrevidas, una fuerte y muy seria apuesta porque había que ayudar a conciliar al ciudadano que con covid o sin covid tenía que ir al trabajo, y en este país los colegios son búnkeres durante el estiaje. Otras fueron ingeniosas, como meterse en los fogones del Centro Superior de Hostelería, en A Barcia. No se olvidaron los parques naturales (¿para cuando uno local en el área de Santiago, y quizás el desconocido cañón del Tambre sea un candidato ideal?), y aunque estaba pensado llevar a cabo acciones voluntarias entre marzo y junio, y claro está que no fue posible, ahora se retoma la iniciativa.
La pandemia sigue. Y mientras siga, el espíritu voluntario es más necesario que nunca.