Un Apóstolo muy digno


En estos tiempos de covid en los que villas y ciudades suspenden (la mayoría) o acortan (los menos) sus festejos, el gobierno de Sánchez Bugallo le echó valor y, extremando las medidas de prevención contra la pandemia, decidió llevar acabo el Apóstolo en toda su duración en el calendario, quince días que, obligatoriamente no tanto como en tiempos de normalidad (sin el «nueva» delante), dieron para mucho. La capital puede decir que tuvo fiestas, y que fueron muy dignas. Tanto que deberían marcar un antes y un después, porque este atípico Apóstolo ha ganado enteros en el corazón de los compostelanos, que tradicionalmente no las sentían como suyas tanto como las de la Ascensión. La ausencia de turistas y las limitaciones de aforo y de cachés lo determinaron, y el resultado no desmerece. Ahora, a extraer conclusiones para mejorar en el futuro y, por favor, sentidiño con la pirotecnia.

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