Difícil de creer


Hay cosas a las que no es fácil dar crédito. Amnistía Internacional -en la que el firmante militó en años bastante más complicados que este, con la policía acudiendo a las reuniones- pide firmas para posicionarse contra el Gobierno. Es decir, entrando en campaña como elefante en cacharrería. Con unas líneas rebosantes de sensiblería y demagogia barata, presenta a los sanitarios no como a unos grandes profesionales que en situaciones muy difíciles han cumplido con brillantez el trabajo que libremente eligieron, como el militar cumple el suyo y el periodista el suyo. Y hay bajas, por supuesto. También entre los militares y los periodistas. No son héroes nuestros militares en Líbano, Afganistán o Bosnia. No lo era el firmante tirado en el suelo con las balas por donde les daba la gana de ir y anotando datos en la libreta para luego escribir la crónica destinada a los lectores de este periódico, como hacía cualquier otro periodista.

Pero no. Amnistía presenta a los sanitarios como unos españoles abandonados a su suerte por un Gobierno del que solo falta decir que es un grupo de impresentables. Resulta difícil afirmar que el Gobierno ha hecho pleno -¡ni mucho menos!-, pero darle una patada en el trasero de manera tan vulgar no debería de contar con más apoyos que el de los socios de esa entidad. Para exigirle responsabilidades ya están la oposición y el Parlamento. Y en su momento, las urnas. Que llegarán.

En otros tiempos, Amnistía tenía prohibido en todo el mundo ocuparse de casos en el propio país donde residían sus miembros, para ser lo más objetivos y neutrales posibles. Ahora se ha convertido en un grupo vociferante que mezcla churras con merinas. ¡Qué pena!

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